30 de septiembre de 2009

A LAS 3 DE LA TARDE EN LA CIUDAD DE MARIA

Esta vez no pensaba escribir. Quería vivir, simplemente, sin dejar ningún rastro escrito; sólo los recuerdos. El reloj sobre la mesa de luz, al costado de mi cama, marca la una de la mañana del día 26 de septiembre. Estaba por dormirme, pero me vino a la mente la pregunta de una persona que ayer por la tarde me detuvo entre la muchedumbre: ¿vas a escribir algo sobre esto?
A veces pasa así. No esperaba escribir pero la historia llegó hacia a mí. Es una historia pidiendo ser contada, me dije. Había tomado la decisión de no escribir porque, como le contesté, “ya el año pasado escribí algo sobre el Campito, fijate en el archivo del blog, que está”.
Así que aquí estoy, escribiendo, gracias a una pregunta que me despertó nuevamente este vicio de contar.
Hace unas horas fue 25 de Septiembre y estuve caminando por la otra ciudad, que es mi ciudad, pero totalmente distinta. Siempre repito la idea de que a los lugares los hace la gente y como ayer vino mucha gente, en cantidades miles, pues era esta otra ciudad: la ciudad de los peregrinos.
Por un lado una ciudad dormida, en su feriado local, sin colegios, con los negocios cerrados, sin movimientos. La otra ciudad, la protagonista, es la que está llena de gente; muchedumbre congregada en torno a la Virgen María del Rosario de San Nicolás.
A las tres de la tarde, cuando la imagen salió del templo se produjo ese acontecer inexplicable para muchos, que para mí es un amanecer explosivo. Ante un amanecer en el mar, los miles de ojos se fijan en el horizonte, esperando que el sol aparezca. Aquí es lo mismo: la multitud espera ansiosa que amanezca Ella por la puerta central del templo. Todos quedan maravillados y comienzan a agitar sus pañuelos como olas en un mar de gente. Y allí se da lo explosivo, la alegría, la emoción, el canto vivo. La explosión de Fe viva.
La otra ciudad, está llena de peregrinos entre los que asomamos algunos que jugamos de local. Y es especial ver a alguien conocido entre todos estos miles de visitantes. Por un día la ciudad les pertenece y nosotros, los menos, somos testigos.
La imagen de María sale y los peregrinos acompañan en procesión. A lo largo de la tarde me crucé con varios conocidos. Los que más me llamaron la atención fueron: una amiga que ahora es guardia de tránsito, parada firme en una esquina organizando a la muchedumbre. La señora que entre otras cosas motivó este escrito porque me dejó pensando en mi deber de escritor. Y la madre de una amiga que me alentó diciendo que el mundo es de los locos, así que comprendí que voy por buen camino. No quiero el mundo, pero sí, estoy un poco loco.
Caminé por la otra ciudad toda la tarde. Es una ciudad mágica que aparece y desaparece cada 25 de Septiembre, fecha del aniversario de la aparición de la Virgen en nuestras tierras, a orillas del Paraná. Los peregrinos traen cartelitos colgando de su pecho y no puedo evitar sorprenderme: Mendoza. San Juan. Entre Ríos. Malargüe. Neuquen. Mar del Plata. Bahía Blanca. Quilmes. Tres Arroyos. San Justo...leí en un rato mientras caminaba.
La ciudad de la Fe tiene un Santuario y un Campito, y es donde hace 26 años comenzó esta historia. La misma edad que yo.
Es una ciudad de paz, de gente que comparte una misa, una procesión, un ruego, un rezo, un agradecimiento. Gente que ora, que medita, que dice ¡Viva María!, que toma mates en familia o entre amigos.
En la ciudad de la Fe, hay muchos policías para atrapar a los oportunistas que aprovechan la muchedumbre y la meditación para robarse algo. También es una ciudad invadida por vendedores ambulantes que van en busca de las muchedumbres del país para vender sus cosas. Yoyos de Spiderman, el tomate loco, Barney el dinosaurio, que me saludó y todo y me dijo cantando que, “somos una familia feliz”. Por supuesto no falta lo básico: comida y bebida.
Cuando la misa termina, la gente se desconcentra y poco a poco va quedando el suelo desnudo con algunos grupos dispersos que se quedan a tomar mates y a disfrutar del silencio del lugar. Donde antes había miles, ahora ya no queda nadie.
Los peregrinos se dirigen a sus colectivos acarreando sus sillas plegables, sillones, silloncitos, bolsas, bolsitas, bolsos y bolsitos. Los noto cansados pero tranquilos, felices y renovados. Se van cargados de recuerdos materiales (medallas, estampas, almanaques etc, etc, etc y más etc....) pero sobre todo de vivencias.
Poco a poco la muchedumbre va desapareciendo y la otra ciudad va quedando en silencio. Como huella los peregrinos dejan flores, flores y más flores. En el lugar del oratorio quedan los restos de vela ya consumidas, que han sabido acompañar un rezo, un pedido, un agradecimiento.
Cada año redescubro esta otra ciudad. Vengo desde que era un niño cuando me llevaba mi mamá, y yo me asustaba al ver tanta gente junta.
Antes de irme, llegó el móvil de Telenueve. La movilera bajó de la camioneta, micrófono en mano, acompañada de dos hombres, uno manejaba la cámara y el otro le decía qué hacer. Irrumpieron apurados en el Templo y se colocaron al lado de la imagen central de la Virgen, para registrar los momentos en que las personas pasan para tocar la imagen y rezar. Los demás medios ya se habían ido con sus cámaras repletas de imágenes.
La otra ciudad poco a poco va quedando en silencio. El Campito vuelve a ser de los pájaros y del viento. Los peregrinos han desaparecido y me doy cuenta de que la otra ciudad, es también mi ciudad.
Me alejo caminando despacio mientras la noche va cayendo sobre el Campito de María del Rosario de San Nicolás.

22 de septiembre de 2009

PRIMAVERA

¡Feliz primavera para todos!!

Hagámonos un tiempo para apreciar esta maravilla de la naturaleza, este milagro que sucede cada año.

Los pastos reverdecen... el aire se siente distinto.. los brotes aparecen en los árboles... las flores asoman a la vida....

¡Es primavera!!


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Para aquellos que quieran leer, va aquí un link hacia un artículo mío, de unos años atrás.



La foto muestra flores llamadas Pensamientos.
¡Qué florezcan nuestros pensamientos!


9 de septiembre de 2009

LA IMPORTANCIA DEL DIALOGO

¡Hola! A partir de Septiembre, tendré una columna en el periódico Diálogo. (Periódico mensual de Capital Federal, de distribución nacional).
A través del blog, compartiré con ustedes el texto, una vez al mes.
¡Saludos para todos!

LA IMPORTANCIA DEL DIÁLOGO (Edición Nº 182. Septiembre 2009. Año XVII)

¡Hola a todos! ¿Cómo les va? Espero que bien. Es mi primera participación en este periódico y mientras pensaba sobre qué tema podía escribir, me detuve en la tapa y en especial, en el nombre que lleva este medio.
¡Pero qué coincidencia! Justo se llama así en este año, en que la palabra “diálogo” llegó a los medios de todo el país y es noticia. Convocar al diálogo...llamar al diálogo... y ¿qué opina usted del llamado al diálogo?... y que voy al diálogo... y que no voy... que sí, que no, lo digo o no lo digo. Parece que el diálogo es la nueva estrella de los medios. ¿Será que lo teníamos tan olvidado, que dialogar, hoy, es noticia?
Sería interesante ver que pasa en la sociedad y que nos pasa a nosotros con esta capacidad humana de dialogar.
Caminando por la calle, encuentros al pasar, percibo que la gente anda con ganas de que la escuchen. A todos nos gusta ser escuchados, compartir nuestras buenas o malas noticias, pero hay una cierta tendencia: contar sólo lo malo. ¿Serán los medios que influyen en esto? Sólo las malas noticias son las que se comunican ¿Y lo bueno?¿No hay nada bueno para contar? Parece que no, para esas nadie te llama, o nadie te para por la calle, sólo algunos. Las buenas noticias se guardan. Algo nos está pasando porque, camino dos pasos y ya me tiran un pack de malas noticias.
Que la gente quiera que la escuchen, no significa dialogar. Algunos sólo quieren hablar y hablar e intento darles mi punto de vista o consejo, pero no hay caso: quieren hacer su monólogo e irse por donde vinieron. Y bueno, al menos he puesto mi oído - me digo, ante tanta verborragia.
Como seres humanos tenemos el don de la palabra, para comunicarnos y entendernos con el otro. Para que haya diálogo tiene que haber dos, y lo mejor es que haya un ida y vuelta. Cuando hay diálogo en serio, cada una de las partes sale enriquecida.
Con el crecimiento de Internet, con “charlas” virtuales y fugaces, se ha ido perdiendo el diálogo cara a cara, enriquecido por la presencia física del otro, de sus gestos, su sonrisa, su mirada que expresan tanto en un todo.
Cuesta acercarnos al otro, romper el hielo para empezar a dialogar, hay un cierto miedo a solucionar las cosas charlando y se evita el diálogo por miedo a la discusión. El diálogo es la base de todo. Igual, nadie dijo que es fácil: a veces trae problemas, produce confrontación, pero cuando uno sabe moverse dentro del respeto, aún la discusión es enriquecedora.
¿Cómo expresar algo que siento y no puedo? “Tenemos que hablar”, suena a que se viene algo grave a tratar, pero sería bueno escucharlo seguido, para toda situación. Realmente nos hace falta.
El diálogo es encuentro, y en un encuentro cada una de las partes se ven reflejadas en el otro, como si se enfrentaran dos espejos. Yo me miro en el otro, en su historia y en su experiencia.
Cuando se evita el diálogo, hay muchas cosas detrás: es tan importante la palabra de a dos que cuando queremos herir a otro o nos hirieron, le negamos la palabra: “no le hablo nunca más”.
No alcanza con escribirnos por algún medio electrónico, que sin duda son muy útiles. Es a través de la palabra en vivo como logramos saber el estado real del otro.
Hace poco salió un videoclip de Eros Ramazzotti, de su tema musical “Dímelo a mí”. En él se muestran situaciones de personas que se tienen cerca, pero se expresan todo vía mensaje de texto. Este clip nos hace repensar en esta especie de invasión celular de los últimos años: ahora que ya pasó el tiempo y la tecnología se instaló, es hora de repensar el lugar que ocupa, y qué nos ha robado de nuestra vida diaria. “Hay algo que has olvidado, yo estoy contigo aquí”, dice un fragmento de la canción.
Todo tiene que ver con todo. Si nos cuesta dialogar, nos cuesta encontrarnos. Si cuesta encontrarnos cuesta reunirnos. Sin diálogo dejamos de enriquecernos, dejamos de crecer como sociedad.
A los jóvenes nos cuesta hablar con los adultos, pero queremos que nos escuchen, que nos entiendan y esto se hace dialogando. Estoy rodeado de jóvenes que quieren algo básico: ¡ser escuchados!
En esta primavera, de vida nueva, de florecer y reverdecer, alimentemos el diálogo. Es importante que florezca en nuestras vidas, que esté presente en todas las casas, en los gobiernos, en los grupos de amigos y compañeros, en el trabajo, en la escuela, ¡En todos lados!¡Feliz primavera para todos! ¡Feliz Diálogo para todos!

29 de julio de 2009

¡LLEGARON LOS CANTEROS!

Llegó el invierno. Trato de quererlo, de entenderlo y de convencerme diciendo que de seguro, Diosito lo creó para algo, pero no hay caso che. Extraño el verano, el calor, las calles llenas de gente, las siestas en la pelopincho con los mates y hasta extraño a los mosquitos, con su dengue y todo. Pero bueno, el frío me obligó a meterme adentro un poco y ponerme con esa Tesis, que necesito para recibirme y la verdad me cuesta mucho (en realidad iba a decir “me cuesta un huevo”, pero queda muy mal en un escritor).

El viento me hiela la cara y el sol, pobre, hace lo que puede con sus rayos. Salí a caminar un poco y llegué a la Avenida Savio, que pasando calle De la Nación se llama Avenida Moreno. Así pase de un prócer a otro en unos segundos. Fue allí cuando las vi, ahí estaban, altas y firmes, adornando el camino de asfalto: unas palmeras caribeñas erguidas en el medio de la avenida.

¡Wow! ¿Estoy en Miami? O... ¿borracho?... ¿Yo?.. ¡No! A las dos de la tarde, imposible. Ojo che, el frío te debe estar afectando, o... ¿te habrá agarrado la gripe porcina?.

En fin, para que voy a alargar. Ni borracho, ni gripe porcina, ni fiebre, ni nada que se le parezca. Al municipio se le ocurrió construir unos canteros centrales en la avenida y hasta ahora lo hicieron en dos cuadras (de Pellegrini a Mitre). Parece que el Intendente se quiso perpetuar en algo y ser recordado como el hombre de los canteros.

La verdad no quedaron mal. Al principio no me convencían. Pero ahora que los pintaron de blanco y pusieron luces y plantas, la cosa va cambiando. Y bue... no será Oroño, esa avenida rosarina tan majestuosa, pero algo es algo. Además, seamos realistas, para ser Oroño, le faltan esas chicas universitarias que caminan de acá para allá y eso, no lo podemos solucionar, salvo que contratemos extras.

Cruzando la avenida un hombre muy enojado, me dijo algo. No sé porqué me ven cara de “este me va a escuchar”, pero tuve que escucharlo decir: - ¡Con esto hacían dos casas! ¡Estamos todos locos! Y luego remató, como para decir que provenía de buena fuente: - ¡Ojo! Me lo dijo mi amigo arquitecto.

La aparición de los canteros, así de golpe, me motivaron a escribir algo y a imaginar una charla futura.

- Ché Pá... ¿esos canteros de ahí cuando los hicieron?
- Mirá cuando tenía tu edad no había nada, y papá cruzaba siempre por el medio en vez de ir por la senda peatonal. Pero cómo los nicoleños y los argentinos somos así, mal educados, los construyeron para que crucemos por la senda como corresponde y no terminemos debajo de un camión o un auto.
- ¡Ah! Yo pensé que eran para adornar la Avenida.
- Y...si, si, también para eso, obvio.
- Pero... ¿cuando los hicieron? (mi hijo ya sabe que su padre se va por las ramas y que nunca contesta sólo lo que le preguntan)
- Los construyeron en junio de 2009, cuando se venían las elecciones, y ahí es como que puede suceder cualquier cosa. Magia, como la de Harry Potter, Bailando por un voto o lo que sea.
- ¿Harry qué? ¿Bailando qué? – preguntó mi hijo intrigado. ¡Vos siempre con cosas pasadas de moda Pá!
- ¿No sabés quien fue Tinelli?
- No, pá. No lo dimos en la escuela.
- Menos mal, hijo, menos mal. Yo crecí viendo eso y mirá como quedé. Otro día te cuento bien. Era un programa de tele. Y Harry era un mago que salió de un libro. Volviendo a los canteros, cuando era chico, tu abuelo me contó que había unos canteros enormes con plantas impresionantes, pero después se ensanchó la avenida y bueno, sacaron todo. Luego, pasaron años sin nada, solo baldosas en el medio de la avenida como para dividirla. Y cuando yo tenía 25 años más o menos, llegaron estos canteritos hermosos.
- ¿Y pensaron bien antes de hacerlos?
- Siiiiiiii, por supuesto. Todo se planifica en una ciudad antes de llevarse a cabo. Las palmeras son la especie de la zona, acorde a nuestros climas, hijo mío.
- Y los políticos además de hacer canteros, ¿hacían otras cosas?
- ¡Puf! ¡No sabés! El lema de campaña era NOSOTROS HACEMOS. Así que imagináte, no paraban ni un segundo. En realidad, todos los políticos trabajan todo el día y son gente muy honesta. Jamás tocan nada que no sea de ellos y con los impuestos que les pagamos hacen muchas obras de bien para la comunidad.
- ¡Qué bueno Pá! Así que trabajaban mucho ¡Unos ídolos!.
- Bueno, trabajar... no era la palabra, pero hacían algo que ellos llamaban gestión. Nunca entendí bien que era. Digamos que hacían de todo pero no se sabía bien qué hacían realmente.
- ¡Qué misteriosos!- dijo el niño con cara de intriga y admiración.
- Sí hijo, la política es un misterio, también es un arte (le iba a decir que era el arte de robar pero pobre, tan chico para amargarlo)
- Hacer el bien, un arte, misterio... ¡es como ser un superhéroe!. ¡¡Cuando sea grande voy a ser político papá!!- dijo el niño exultante.
- Qué bueno hijo, qué bueno – le dije con una sonrisa forzada, como para no desanimarlo.


Con esto de los canteros volé, como siempre, con mi alma fantasiosa de escritor. Mirando fijamente esas palmeras en medio de la avenida y riéndome de mí mismo por esa charla futura, seguí caminando contra el viento helado, añorando el verano. De seguro las palmeras también sueñan con el mar, la playa, las chicas, pero pobres, les tocó adornar el medio de la Avenida Savio, en la ciudad de San Nicolás de los Arroyos.

Esperemos que esa charla exista algún día. Estamos en Argentina, y cuando un gobierno asume destruye lo que hizo el anterior, y todo vuelve a empezar. Y así estamos.

No sé si estos canteros van a durar mucho, pero por ahora, aquí están, llegaron para
nosotros y nuestras generaciones futuras.

5 de julio de 2009

LA VENGANZA DEL CERDO CON GRIPE

Quien iba a pensar. Hace una semana estábamos bombardeados por el tema de las elecciones y toda la parla de los candidatos y su paseo por los medios hasta el hartazgo. Hace una semana volaba por los aires nicoleños la querida avioneta, dale que dale, con el locutor diciendo, Nosotros Hacemos, Vote lista.... y la marcha peronista, taran tan tan, una y otra vez, y Hugo del Carril cantando, como disco rayado, sólo la parte que dice que “los muchachos peronistas, todos unidos triunfaremos”. No me molestaba tanto al principio pero después -que me perdone el Gral. Perón, que en paz descanse- ya me tenía repodrido. Que llegue la veda, decía la gente, así no los escuchamos más. Las calles plagadas de afiches, con rostros de políticos: un día pegaban uno y al día siguiente le chantaban otro encima y así sucesivamente.
Por suerte, la tortura mediática pasó, celebramos la oportunidad única de elegir, y a otra cosa mariposa, o sea, ahora a laburar, pero no sé, porque los políticos hablan mucho y de laburar, ni a palos, pero no pierdo las esperanzas, no es cuestión de caer tan rápido en el pesimismo.

Escribo en domingo, una semana después de haber acudido a las urnas a meter el votito. Estamos todos paralizados, encerrados, pero no porque los políticos nos dan miedo y terror, (aunque algunos son de terror, sí) sino que por primera vez se cambia la frase “la culpa no es del chancho, sino del que le da de comer” y ahora parece que sí, que la culpa es del chancho, un chancho engripado que estornudó en México y lo hizo tan fuerte que la peste llegó hasta nuestro país.
Nunca imaginé este relato medio tétrico, pero la realidad excede la imaginación. La Argentina está paralizada por la Gripe Porcina, un nuevo virus llamado científicamente Gripe A H1N1. Es el virus de la gripe, pero transformado en uno nuevo y entonces la cosa se complica porque no se sabe bien qué hacer, y hay pánico porque viene causando varias muertes.
Hace unos meses, veíamos esto por la televisión: México, pánico, la gente con barbijos, los noticieros plagados por el tema de la gripe porcina en ese país. Lo mirábamos como espectadores, desde la última butaca: lejos, lejos, acá no va a llegar. Pensamos que era para desviarnos la atención de las elecciones, o del dengue, la enfermedad que padecimos en verano. Ahora que lo pienso mejor, todo esto debe ser una venganza planificada: matamos mosquitos, comemos cerdos y bueno, algún día el mundo animal se tenía que vengar de nosotros.
Y así no sabemos cómo llegó, si en tren, en avión, en barco, pero llegó.. Y está paseando por todas las ciudades, impulsado más aún, por el invierno.
Y acá estamos, tratando de permanecer en casa, con mucho cuidado. Primero se suspendieron las clases. Fueron cerrando uno a uno los establecimientos educativos en los que había casos de Gripe porcina, pero después se avivaron, -siempre tarde- y decretaron el fin de las clases: las aulas están vacías y por un mes no habrá actividad. Luego como la cosa iba empeorando se cerraron también los boliches y lugares de encuentro. Las calles se están vaciando hasta quedar casi desiertas, mientras Crónica TV no para de sumar muertos como un contador de visitas en Internet.
No viene al caso, pero me acabo de acordar del cuento ese que me leía mi vieja cuando era chico, el de los Tres Chanchitos. Y también de la alcancía con forma de chanchito que tuve una vez y no pude aguantar la ansiedad de romperla para sacar las monedas y gastármelas en cualquier cosa.
Se cansó el pobre chancho. Por algo se habrá enojado y por algo habrá estornudado tan fuerte.
Tal vez porque lo hemos maltratado por años diciendo, “¡Qué chancho!” para expresar que alguien es sucio o mal hablado, o “¡Qué gordo cerdo!” para expresar que alguien es desagradable y bien, bien gordo.
Quizá el cerdo, muy astuto, hizo un arreglo económico con los fabricantes de barbijos, alcohol en gel y los laboratorios de medicamentos (siempre hay beneficiados ante una tragedia). Vamo’ 50 y 50, le habría dicho el chancho mexicano a los empresarios.
¿Sobreviviremos a este encierro tipo Gran Hermano? ¿Sobrevivirán los padres a un mes de encierro con sus queridos niños?¿Aguantarán los infieles sin poder ir con sus amantes a los albergues transitorios? ¿Podremos vivir sin boliches? ¿Pasará rápido todo esto? El año pasado, a esta altura la culpa era del campo, y ahora la culpa es del chancho. Te pedimos perdón chancho querido. Por favor, la próxima vez, antes de estornudar avisá. ¿OK?

El chancho engripado nos forzó a la convivencia. Qué Dios nos libre y guarde.

28 de junio de 2009

UN VIAJE INOLVIDABLE (Todo vuelve a empezar)

Visitar un colegio por algo que escribí es algo que jamás hubiera imaginado. Aquel año 2002, no tenía siquiera conciencia de lo que estaba escribiendo: simplemente unos cuentos cortos, que luego en el 2005, verían la luz en forma de libro, bajo el nombre de “Cuentos jóvenes para jóvenes”. Y la verdad es que, aunque suene exagerado, me cambió la vida. Y a partir de eso yo dejé y traté de que la vida me siga cambiando, alimentando ese logro, ese sueño cumplido, con todo mi corazón.
En realidad, nunca supe que estaba escribiendo un libro, hasta que tuve varios cuentos escritos; nunca imaginé que eso se transformaría en mi primer libro y nunca imaginé que me llevaría a conocer tanta gente y a recorrer colegios. “Cuentos jóvenes para jóvenes” no fue pensado como libro, y tuvo ese sabor a sorpresa, a sueño, a magia. Aunque, tal vez, de algún modo lo estaba esperando. Antes de eso sentía que había venido al mundo para algo, pero todavía no sabía para qué. Y ese algo llegó en forma de libro.
Cuando uno va creciendo, el tema de soñar y seguir soñando se hace cada vez más difícil, porque supuestamente hay una edad para soñar y yo ya la debería haber pasado. Pero de repente, suceden estas cosas: me llega un mail desde Córdoba capital, de un profesor joven que usa mis libros en el aula y me agradece. Y uno siente que valió y vale la pena.
Pasaron algunos meses desde ese mail y allí me dirigí. Apenas pisé la terminal de la capital cordobesa, me empezó a sonar una canción y la empecé a tararear al instante: era Rodrigo, el cuartetero, con su inolvidable “Soy cordobés”. Estaba yo allí, con mi bolso y mis ilusiones a cuesta, desembarcando en la tierra de los que llevan el acento como una marca registrada, en la ciudad de las mujeres más lindas, del ferné y de la birra.
12 de junio de 2009. Colegio Corazón de María, Alta Córdoba, Córdoba Capital. Más o menos las 7.30 AM. En una mañana fría llegué al inmenso colegio, acompañado por Leo, un joven profesor que hace unos años se topó con mi libro y decidió llevarlo a las aulas. Tempranito a la mañana, aún era de noche. Formar fila, ver la bandera ascender en el mástil, decir la oración de la mañana, en el gran patio descubierto bajo un techo de estrellas y con el frío que penetraba los huesos. De pie en ese gran patio y medio dormido aún- como los alumnos que formaban la fila- volé hasta el patio de mi colegio, el Normal Rafael Obligado. Allí estaba Cámpora, el rector, dando los Buenos Días y la preceptora Laura, con su voz aguda, que insistía e insistía: bajen chicos, 5to III, vamos, a formar, al patio, vamos. Y tantas caras y tantos recuerdos en ese ratito en que los alumnos del Colegio cordobés izaban la bandera.
Ese viernes 12 de junio, fui recorriendo las aulas y conociendo las caras de mis lectores. Los libros llegaron como lectura obligatoria, y la verdad jamás pensé que algo mío, pueda ser pregunta en una evaluación, en una materia, en un colegio. Como mis libros no incluyen mi foto, se alimentó más el misterio y la posterior sorpresa o desilusión. (Y bueno, este soy yo, es lo que hay, chicos :)
Esa mañana de viernes transcurrió en una ciudad lejana, hablando de mi, de mi vida, de mis cuentos, de mis amigos, de mis cosas, de mis vivencias. ¿Cómo empezaste? ¿En qué te inspirás? Una alumna, me dijo que mis cuentos son cortos y profundos, y que la ayudaban a poner en palabras cosas que ella sentía. Y de eso se trata el arte, sea cual sea su forma: plasmar en sentimientos, lo que otros no pueden.
Gracias a la definición de esta chica, mis cuentos, que a lo largo de estos años se fueron encasillando en “cuentos con valores”, “autoayuda”, “cuentos con moraleja”, etc, se transformaron en sentimientos plasmados en cuento. De algún modo ya lo sabía, pero está bueno que alguien lo diga así, directamente, como para entender realmente lo que uno hace.
La cosa es que uno escribe en solitario y de repente termina parado ante tantos rostros, que esperan que uno diga algo, y responda a sus inquietudes. Pasaron más de seis años desde la escritura de mi primer libro y como les dije a los chicos en la charla: es una foto mía interna, de un momento.
Fueron varios cursos visitados en una mañana, -¡más de 300 chicos y chicas! - en la que hablé hasta cansarme, pero sí que valió la pena, porque es lo que más me gusta hacer.
La vida se encarga de recompensarnos cuando hacemos algo de corazón. Las cosas que esperamos, no suelen llegar al toque, pero vale la pena intentar y esperar.
Con esta visita reafirmo mis ganas de soñar y de seguir adelante. Para este mundo que todo lo mide a través del dinero, resulta tan difícil de comprender, pero traten de entenderme. Soy alguien que mide la vida a través de las pequeñas cosas y no de lo económico, porque en definitiva, de eso se trata vivir y en lo pequeño, en lo simple, radica lo importante. Y lo demás, no importa.
Soy un soñador, pero no soy el único, dice John Lennon, en su tema Imagine. No soy el único, porque sé que en el fondo, todos tenemos sueños y a veces los guardamos tan el fondo del alma que parecen olvidados y no los dejamos salir.
Soñar no cuesta nada, pero cumplir un sueño y seguir, eso es lo que cuesta. Pero vale la pena. Un sueño, es una meta y a la vez un punto de partida. Y con esta visita yo siento que todo vuelve a empezar.

Desde acá, yo que soy escritor y verborrágico, sólo tengo una palabra: ¡Gracias!

El Diario "EL Norte", como siempre, se hizo eco de toda esta experiencia. Gracias por la difusión constante y en este caso a Rubén Sisterna, periodista que escribió esta nota.

3 de junio de 2009

El 25 de Mayo de 2009

El sol del 25 asomó, en una mañana de otoño cálidamente atípica. El chocolate caliente habría que dejarlo para más adelante y suplantarlo por algo fresco. Las damas antiguas de 1810 con esos vestidos, se hubieran asado con esta temperatura. Raro resultaba ese calorcito, desubicado para la época del año, pero más raro aún fue que yo asomara con el sol del 25. Desde hace unos años, por salir a bailar - o salir de joda, como se le dice comúnmente- me estuve acostando a la hora en que el sol del 25 estaba asomando o ya estaba dibujado en el cielo. El círculo de luz me miraba desde lo alto me saludaba y yo le decía, qué hacés che. Chau, me voy a dormir.
Me levanté tipo nueve y casi les da un infarto a mis viejos. ¿Era una aparición, un fantasma, un clon? No, no, soy yo- les dije, antes de que se atragantaran con el desayuno. Antes de eso había ido hasta el ropero y tomado una camisa, un pantalón y un par de zapatos. ¡Cuánto hace que no me pongo zapatos! Y... ¿cuál era el motivo? El desfile del 25 de mayo, en Barrio Moreno, allá donde hace unos años se cayó en un pozo, un nenito llamado Cristian, y fuimos noticia y vergüenza nacional.
Por esos pases mágicos que da la vida, me tocó representar a la Sociedad Italiana. Cabe destacar que soy hijo de una italiana pura que llegó a estas tierras a los diez años de edad. Éramos dos para el desfile. Al llegar al lugar del acontecimiento mi compañero me dio a elegir entre portar la bandera argentina o la italiana. Quiero mucho a Italia, pero para mi debut en un desfile, un 25 de Mayo, preferí la Argentina. Además cumpliría ese sueño postergado de ser abanderado. (Sí, sí, todo llega en esta vida ¿vieron?)
El desfile me movilizó muchos recuerdos. De chico, mi papá o el tío Pepe, me llevaban a ver esos desfiles grandes y tan preparados por la Avenida Falcón. El de esta ocasión no sería tan formal y prolijo como el de aquellos años pero estuvo muy pero muy lindo recordar. Al otro día, chateando con una amiga me diría: ¿Qué? ¿Todavía se hacen los desfiles? Y si, yo también me hice esa pregunta el sábado anterior cuando me llamaron por teléfono y me pidieron si podía llevar la bandera.
Previo al desfile, habló el Intendente Carignani, destacando que se acerca el bicentenario en 2010 y que está bueno esto de hacer los desfiles en los barrios de la ciudad para incluir a todos y que antes, en 2001, estábamos tristes y ahora estamos contentos. A nosotros dos nos tocó al lado del mismísimo escenario, próximo al micrófono del orador. Antes de comenzar el acto, vino una mujer, una directora de escuela, a pedirme la bandera nacional porque aunque parezca increíble ¡se la había olvidado! No sé que le pasa a la juventud.. oigo repetir por ahí y yo digo: ¡No sé que le pasa a los adultos! Pensé en negarme a prestarla, pero mi amigo se adelantó y dijo que sí, que no había problemas. Pero cuando nos ubicaron tan próximos al escenario y me vi allí sin la bandera, se la fui a pedir de regreso. ¿Qué le digo después a los que me eligieron para representarlos? ¿qué la presté un ratito? Parecía un presidente, ahí parado con la banda celeste y blanca cruzándome el pecho, pero sin la bandera.
Al lado nuestro teníamos a la colectividad boliviana y a los paraguayos. ¡Ah! Mandaron jóvenes esta vez, me dijo la señora boliviana, que ya estaba acostumbrada a ver tanos de avanzada edad.
Me sentí un nene de a ratos mirando todo eso. Los militares, los soldados, la policía, los bomberos, la gendarmería, las escuelas, los caballos.... la sorpresa de recordar algo que perteneció a mi infancia. ¡Es lindo recordar! Y es lindo escuchar el himno nacional.. “al gran pueblo argentino salud, libertad, libertad, libertad”.
Luego de las palabras del Intendente, nos alistamos para desfilar, uno detrás de otro. Ya estamos grandes para ponernos nerviosos, pero los nervios no envejecen, que lo tiró. ¿Y si no levanto bien la bandera? ¿Y si se me vuela con el viento? ¿ y si justo me toma la cámara de Canal 2?
A las 12.30 aproximadamente, el desfile terminó. Vi a un profesor de la secundaria que ahora es director. Vi a una compañera de la secundaria que ahora está en la Federal. Vi a un conocido del gimnasio, vestido de militar.
El padre de mi compañero nos vino a buscar minutos después. En otro rincón de la ciudad, la Sociedad Italiana, la gente estaba llegando para un gran almuerzo gran.
Nos esperaban para servir las mesas de este almuerzo, que en esta ocasión sería a beneficio de los afectados por el terremoto en L’Aquila, región de Abruzzo. Tenemos que ayudar a la patria de nuestras raíces: aunque nosotros estamos mal, siempre podemos ayudar. Y eso me da orgullo: los argentinos seremos de todo, pero que somos solidarios no quedan dudas.
Raro este 25, la verdad. Un 25 argento-italiano, italiano-argentino. Un 25 sin chocolate, un 25 de calor, de desfile, de tallarines, un 25 en el que jugué a ser mozo por un día.
Esa misma tarde, en aquella zona de la ciudad nicoleña, a la que llamamos El Campito, mientras nosotros servíamos el postre helado, y los comensales disfrutaban del show, la Virgen del Rosario de San Nicolás, estaba siendo coronada ante miles de fieles bajo un cielo de otoño que avisaba lluvia, y en un clima de calor y mucha, mucha fe.