16 de noviembre de 2009

En este mundo de almas que vienen… y se van

En memoria de Gabriel García y Pablo Fischer

Escribo esta columna luego de una semana en la que «me pasó de todo». Fueron días de emociones, muy pero muy opuestas.
En verdad, quise evitar escribir sobre este tema; –¿vas a escribir sobre algo tan feo?– me dijo alguien y dudé un poco.
Pero finalmente, aquí estoy. Tal vez escribiendo me sienta un poco mejor, y desde el sentir pueda transmitir algo, porque siempre algo queda. Al menos mi idea es esa: aprender de cada cosa que vivo.
Al comienzo de octubre, se acercaba el día de mi cumpleaños y algunos me preguntaban si lo iba a festejar. Contesté: «la verdad me da lo mismo... veremos qué hago». Sinceramente soy de evitar los festejos de cumpleaños, aunque contradice con mi manera de ser, tan sociable.
Pero la vida tiene cosas inesperadas y una tarde de octubre me pegó un cachetazo. Llegó mi madre de la calle, conmovida ante una noticia: Gabriel, mi amigo de la infancia, había tenido un accidente en la autopista mientras entrenaba en su bicicleta. Hasta que lo confirmamos traté de pensar que no era cierto y que, seguramente, habría un error.
Hacía mucho que no compartíamos la vida, pero solíamos cruzarnos por la calle y saludarnos con una sonrisa. Siempre que veo a alguien que me trae recuerdos lindos -y más aún si estos son de la infancia- se me dibuja una sonrisa en el rostro.
Costó y cuesta asimilarlo. Se nos fue un chico tan bueno, tan responsable. Entre las personas que lo querían y lo conocían bien, escuché de manera repetida: «Habiendo tanto atorrante vivo...».
Justo por esos días nos había dejado la gran cantora Mercedes Sosa, y yo había estado siguiendo el funeral, su vida y las opiniones de los artistas. Alejandro Lerner habló sobre el legado de la Negra, de todo lo que dio y de todo lo que dejó. Y luego agregó una frase que me quedará grabada para siempre y que decía que vivimos en un mundo de almas que vienen y se van. Es cierto eso, me dije. Tarde o temprano todos nos vamos. Y al instante pensé en mi sobrinita Clarita, quien llegó hace unos meses, haciéndome redescubrir el milagro de la vida.
Gabriel dejó este mundo y para encontrar consuelo pensé que, al menos, se fue haciendo lo que más quería, su pasión, andar en bicicleta.
Luego de todo esto, llegó la Feria del Libro de San Nicolás, algo muy esperado por mí. Fueron días de felicidad plena, de mucha energía, haciendo lo que más me gusta que es estar con mis libros en una mesa, y compartirlos con la gente que pasa. Mucha gente conocida, mucha gente nueva. Todo lindo, maravilloso. Mientras tanto el día de mi cumpleaños se iba acercando y yo agradecía a Dios, el cumplir un año más, haciendo lo que más me gusta hacer.
En un momento tomé mi segundo libro como para hojearlo, como quien mira un álbum de fotos viejas. Hay un cuento en el cual utilizo la frase «¡feliz viveaños!», en lugar de ¡feliz cumpleaños!
En ese cuento quise expresar que cada año debe ser vivido y no meramente cumplido. Me enojé conmigo mismo por renegar del festejo de mi cumpleaños después de haber escrito eso.
Estaba allí con mis libros, en el stand, muy contento, cuando me dieron una noticia terrible. Una ex compañera del colegio, luego de charlar un rato y ponernos al día, me contó que, hacía unas horas, había fallecido un amigo. Pablo, una gran persona, un gran amigo que logró ganarse mi amistad, con apenas conocernos, hace algunos años.
No fue un accidente, fue algo repentino. Sentí que no tenía consuelo. No creía lo que estaba escuchando. Intenté contener el llanto y seguir con la cabeza puesta en la feria, tratando de pensar que no me habían dicho nada. Delante de mí estaba de pie una niña, con una gran sonrisa, esperando que le dedicara mi libro. Y decidí seguir adelante.
Sentí bronca, impotencia, desesperación. No podía ser real lo que estaba pasando. Luego me preocupé mucho por los que quedamos... porque en definitiva, los que quedamos somos los que tenemos que seguir adelante, viviendo.
Durante esos momentos, me di cuenta de que cada persona reacciona ante la muerte de manera distinta y que no estamos demasiado preparados para enfrentarla. Cada uno tiene sus tiempos para aceptar la pérdida, para llorar la pérdida, para aceptar que la vida continúa.
Sé que se han ido al cielo, que ya están gozando de la otra vida, que esto es, según mi fe, una fiesta, pero me cuesta mucho, demasiado, aceptar que se han ido. Necesito tiempo para superarlo, para pensar. Sí, tiempo, meditación, oración. Tiempo para recordarlos.
Mi cumpleaños llegó un día después de que despedimos a Pablo.
Mi cumpleaños llegó con casi nada de ánimo para festejar. Pero ese día, a pesar de todo, fue muy especial. Viví todo como nunca antes. Después de tanta muerte... ¡di tantas gracias por ese año más! Por ese festejo, por esa reunión, por la gente linda que tengo al lado.
No es que quiera sacar una enseñanza de todo, ni que pueda explicarlo todo, simplemente miré la vida con otros ojos, y eso de que «cada día es un regalo», dejó de ser una mera frase linda y armada.
Estos días cuando me preguntan como ando, digo que bien y mal, que soy como dos personas en una misma, porque no dejo que una cosa, me impida sentir la otra. Sufrí mucho. No pude dormir. Seguí adelante. Llegó la feria. Coseché momentos de felicidad. Volví a sufrir un golpe bajo. Llegó mi cumpleaños. Muchas cosas, todas juntas.
No tengo explicación aún, ni tanto consuelo, pero comienzo a entender que somos eso que dije antes: almas que vienen y se van. Los que quedamos tenemos que seguir adelante, recordando a los que se fueron, con lo mejor que ellos nos han dejado. Me da un poco de alivio pensar que no se fueron del todo, que de ahora en más, estarán conmigo cada día, siempre presentes, eternizados en mi recuerdo y en mi corazón.

Periódico mensual Diálogo. Edición 184. Noviembre 2009. Mi columna "Enfoque Joven".

23 de octubre de 2009

Feria del libro San Nicolás 2009

Del jueves 8 al lunes 12 de octubre, en las instalaciones de la Estación de Trenes de San Nicolás, se realizó una nueva edición de la Feria del Libro.
Este es el segundo año que se realiza en la Estación y en el recuerdo quedaron las ferias realizadas en la querida Escuela Normal. Como alumno y colaborador primero, y como escritor después, tengo la dicha de haber asistido a cada una de las ediciones de la feria, desde sus comienzos en el año 1996, cuando iba al 1er año de la secundaria.
Este año, estuvo mucho mejor organizada y cuidada en su estética y aumentó la cantidad de público que concurrió, sobre todo en los días domingos y lunes. También hubo mayor participación de artistas que empiezan a respetar esta nueva feria, como un nuevo espacio donde mostrar su arte.
La Feria, más allá de la discusión de si es una feria del libro o de la cultura, es un encuentro, y celebro que este año el encuentro haya sido mucho más masivo, y en ese lugar tan particular como la Estación. Fue un encuentro en donde el libro es el centro y las demás disciplinas giran en torno a él.
En mi caso, al pertenecer al barrio de la Estación, destaco con orgullo esta buena noticia: que hayan limpiado, arreglado, recuperado un lugar perdido y abandonado durante tantísimo tiempo.
Años atrás solía recorrer la vieja estación para recordar mis tiempos de infancia y me daba mucha, pero mucha tristeza tanto abandono. También un poco de bronca porque en otras localidades vecinas estaban recuperando las Estaciones de ferrocarril como Centros Culturales y nosotros seguíamos mirando hacia otro lado.
En tiempo de tanta mala noticia y confrontación, quiero decir que me gustó la feria y que aliento a que crezca cada año. Como siempre, hay cosas por mejorar, pero si sabemos escucharnos, la podemos mejorar entre todos.
A diferencia del año pasado, noté muy buena onda en la gente, y no tanta crítica destructiva.
Algunas de las cosas para mejorar, que salieron de mis charlas al pasar: - mayor difusión a través de afiches en las calles y en las escuelas. lograr que los colegios vuelvan a la feria, porque hemos perdido la relación de los alumnos con los libros. - Un espacio más amplio para los libros, para que la gente pueda navegar mejor, y encontrarse verdaderamente con la lectura, con stands que inviten a leer.
A todos los que pasaron por el stand de San Pablo, va mi agradecimiento por tanto aliento, dándome energías para seguir adelante. A todos los que pasaron un ratito a charlar conmigo, los llevaré por siempre en el corazón.
Por supuesto, fui alumno del Normal y a veces extraño esa feria, tan masiva con espacios amplios donde cabía toda la cultura nicoleña. Pero quiero ser positivo y apostar a esta Feria pegada a las vías del ferrocarril.

30 de septiembre de 2009

A LAS 3 DE LA TARDE EN LA CIUDAD DE MARIA

Esta vez no pensaba escribir. Quería vivir, simplemente, sin dejar ningún rastro escrito; sólo los recuerdos. El reloj sobre la mesa de luz, al costado de mi cama, marca la una de la mañana del día 26 de septiembre. Estaba por dormirme, pero me vino a la mente la pregunta de una persona que ayer por la tarde me detuvo entre la muchedumbre: ¿vas a escribir algo sobre esto?
A veces pasa así. No esperaba escribir pero la historia llegó hacia a mí. Es una historia pidiendo ser contada, me dije. Había tomado la decisión de no escribir porque, como le contesté, “ya el año pasado escribí algo sobre el Campito, fijate en el archivo del blog, que está”.
Así que aquí estoy, escribiendo, gracias a una pregunta que me despertó nuevamente este vicio de contar.
Hace unas horas fue 25 de Septiembre y estuve caminando por la otra ciudad, que es mi ciudad, pero totalmente distinta. Siempre repito la idea de que a los lugares los hace la gente y como ayer vino mucha gente, en cantidades miles, pues era esta otra ciudad: la ciudad de los peregrinos.
Por un lado una ciudad dormida, en su feriado local, sin colegios, con los negocios cerrados, sin movimientos. La otra ciudad, la protagonista, es la que está llena de gente; muchedumbre congregada en torno a la Virgen María del Rosario de San Nicolás.
A las tres de la tarde, cuando la imagen salió del templo se produjo ese acontecer inexplicable para muchos, que para mí es un amanecer explosivo. Ante un amanecer en el mar, los miles de ojos se fijan en el horizonte, esperando que el sol aparezca. Aquí es lo mismo: la multitud espera ansiosa que amanezca Ella por la puerta central del templo. Todos quedan maravillados y comienzan a agitar sus pañuelos como olas en un mar de gente. Y allí se da lo explosivo, la alegría, la emoción, el canto vivo. La explosión de Fe viva.
La otra ciudad, está llena de peregrinos entre los que asomamos algunos que jugamos de local. Y es especial ver a alguien conocido entre todos estos miles de visitantes. Por un día la ciudad les pertenece y nosotros, los menos, somos testigos.
La imagen de María sale y los peregrinos acompañan en procesión. A lo largo de la tarde me crucé con varios conocidos. Los que más me llamaron la atención fueron: una amiga que ahora es guardia de tránsito, parada firme en una esquina organizando a la muchedumbre. La señora que entre otras cosas motivó este escrito porque me dejó pensando en mi deber de escritor. Y la madre de una amiga que me alentó diciendo que el mundo es de los locos, así que comprendí que voy por buen camino. No quiero el mundo, pero sí, estoy un poco loco.
Caminé por la otra ciudad toda la tarde. Es una ciudad mágica que aparece y desaparece cada 25 de Septiembre, fecha del aniversario de la aparición de la Virgen en nuestras tierras, a orillas del Paraná. Los peregrinos traen cartelitos colgando de su pecho y no puedo evitar sorprenderme: Mendoza. San Juan. Entre Ríos. Malargüe. Neuquen. Mar del Plata. Bahía Blanca. Quilmes. Tres Arroyos. San Justo...leí en un rato mientras caminaba.
La ciudad de la Fe tiene un Santuario y un Campito, y es donde hace 26 años comenzó esta historia. La misma edad que yo.
Es una ciudad de paz, de gente que comparte una misa, una procesión, un ruego, un rezo, un agradecimiento. Gente que ora, que medita, que dice ¡Viva María!, que toma mates en familia o entre amigos.
En la ciudad de la Fe, hay muchos policías para atrapar a los oportunistas que aprovechan la muchedumbre y la meditación para robarse algo. También es una ciudad invadida por vendedores ambulantes que van en busca de las muchedumbres del país para vender sus cosas. Yoyos de Spiderman, el tomate loco, Barney el dinosaurio, que me saludó y todo y me dijo cantando que, “somos una familia feliz”. Por supuesto no falta lo básico: comida y bebida.
Cuando la misa termina, la gente se desconcentra y poco a poco va quedando el suelo desnudo con algunos grupos dispersos que se quedan a tomar mates y a disfrutar del silencio del lugar. Donde antes había miles, ahora ya no queda nadie.
Los peregrinos se dirigen a sus colectivos acarreando sus sillas plegables, sillones, silloncitos, bolsas, bolsitas, bolsos y bolsitos. Los noto cansados pero tranquilos, felices y renovados. Se van cargados de recuerdos materiales (medallas, estampas, almanaques etc, etc, etc y más etc....) pero sobre todo de vivencias.
Poco a poco la muchedumbre va desapareciendo y la otra ciudad va quedando en silencio. Como huella los peregrinos dejan flores, flores y más flores. En el lugar del oratorio quedan los restos de vela ya consumidas, que han sabido acompañar un rezo, un pedido, un agradecimiento.
Cada año redescubro esta otra ciudad. Vengo desde que era un niño cuando me llevaba mi mamá, y yo me asustaba al ver tanta gente junta.
Antes de irme, llegó el móvil de Telenueve. La movilera bajó de la camioneta, micrófono en mano, acompañada de dos hombres, uno manejaba la cámara y el otro le decía qué hacer. Irrumpieron apurados en el Templo y se colocaron al lado de la imagen central de la Virgen, para registrar los momentos en que las personas pasan para tocar la imagen y rezar. Los demás medios ya se habían ido con sus cámaras repletas de imágenes.
La otra ciudad poco a poco va quedando en silencio. El Campito vuelve a ser de los pájaros y del viento. Los peregrinos han desaparecido y me doy cuenta de que la otra ciudad, es también mi ciudad.
Me alejo caminando despacio mientras la noche va cayendo sobre el Campito de María del Rosario de San Nicolás.

22 de septiembre de 2009

PRIMAVERA

¡Feliz primavera para todos!!

Hagámonos un tiempo para apreciar esta maravilla de la naturaleza, este milagro que sucede cada año.

Los pastos reverdecen... el aire se siente distinto.. los brotes aparecen en los árboles... las flores asoman a la vida....

¡Es primavera!!


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Para aquellos que quieran leer, va aquí un link hacia un artículo mío, de unos años atrás.



La foto muestra flores llamadas Pensamientos.
¡Qué florezcan nuestros pensamientos!


9 de septiembre de 2009

LA IMPORTANCIA DEL DIALOGO

¡Hola! A partir de Septiembre, tendré una columna en el periódico Diálogo. (Periódico mensual de Capital Federal, de distribución nacional).
A través del blog, compartiré con ustedes el texto, una vez al mes.
¡Saludos para todos!

LA IMPORTANCIA DEL DIÁLOGO (Edición Nº 182. Septiembre 2009. Año XVII)

¡Hola a todos! ¿Cómo les va? Espero que bien. Es mi primera participación en este periódico y mientras pensaba sobre qué tema podía escribir, me detuve en la tapa y en especial, en el nombre que lleva este medio.
¡Pero qué coincidencia! Justo se llama así en este año, en que la palabra “diálogo” llegó a los medios de todo el país y es noticia. Convocar al diálogo...llamar al diálogo... y ¿qué opina usted del llamado al diálogo?... y que voy al diálogo... y que no voy... que sí, que no, lo digo o no lo digo. Parece que el diálogo es la nueva estrella de los medios. ¿Será que lo teníamos tan olvidado, que dialogar, hoy, es noticia?
Sería interesante ver que pasa en la sociedad y que nos pasa a nosotros con esta capacidad humana de dialogar.
Caminando por la calle, encuentros al pasar, percibo que la gente anda con ganas de que la escuchen. A todos nos gusta ser escuchados, compartir nuestras buenas o malas noticias, pero hay una cierta tendencia: contar sólo lo malo. ¿Serán los medios que influyen en esto? Sólo las malas noticias son las que se comunican ¿Y lo bueno?¿No hay nada bueno para contar? Parece que no, para esas nadie te llama, o nadie te para por la calle, sólo algunos. Las buenas noticias se guardan. Algo nos está pasando porque, camino dos pasos y ya me tiran un pack de malas noticias.
Que la gente quiera que la escuchen, no significa dialogar. Algunos sólo quieren hablar y hablar e intento darles mi punto de vista o consejo, pero no hay caso: quieren hacer su monólogo e irse por donde vinieron. Y bueno, al menos he puesto mi oído - me digo, ante tanta verborragia.
Como seres humanos tenemos el don de la palabra, para comunicarnos y entendernos con el otro. Para que haya diálogo tiene que haber dos, y lo mejor es que haya un ida y vuelta. Cuando hay diálogo en serio, cada una de las partes sale enriquecida.
Con el crecimiento de Internet, con “charlas” virtuales y fugaces, se ha ido perdiendo el diálogo cara a cara, enriquecido por la presencia física del otro, de sus gestos, su sonrisa, su mirada que expresan tanto en un todo.
Cuesta acercarnos al otro, romper el hielo para empezar a dialogar, hay un cierto miedo a solucionar las cosas charlando y se evita el diálogo por miedo a la discusión. El diálogo es la base de todo. Igual, nadie dijo que es fácil: a veces trae problemas, produce confrontación, pero cuando uno sabe moverse dentro del respeto, aún la discusión es enriquecedora.
¿Cómo expresar algo que siento y no puedo? “Tenemos que hablar”, suena a que se viene algo grave a tratar, pero sería bueno escucharlo seguido, para toda situación. Realmente nos hace falta.
El diálogo es encuentro, y en un encuentro cada una de las partes se ven reflejadas en el otro, como si se enfrentaran dos espejos. Yo me miro en el otro, en su historia y en su experiencia.
Cuando se evita el diálogo, hay muchas cosas detrás: es tan importante la palabra de a dos que cuando queremos herir a otro o nos hirieron, le negamos la palabra: “no le hablo nunca más”.
No alcanza con escribirnos por algún medio electrónico, que sin duda son muy útiles. Es a través de la palabra en vivo como logramos saber el estado real del otro.
Hace poco salió un videoclip de Eros Ramazzotti, de su tema musical “Dímelo a mí”. En él se muestran situaciones de personas que se tienen cerca, pero se expresan todo vía mensaje de texto. Este clip nos hace repensar en esta especie de invasión celular de los últimos años: ahora que ya pasó el tiempo y la tecnología se instaló, es hora de repensar el lugar que ocupa, y qué nos ha robado de nuestra vida diaria. “Hay algo que has olvidado, yo estoy contigo aquí”, dice un fragmento de la canción.
Todo tiene que ver con todo. Si nos cuesta dialogar, nos cuesta encontrarnos. Si cuesta encontrarnos cuesta reunirnos. Sin diálogo dejamos de enriquecernos, dejamos de crecer como sociedad.
A los jóvenes nos cuesta hablar con los adultos, pero queremos que nos escuchen, que nos entiendan y esto se hace dialogando. Estoy rodeado de jóvenes que quieren algo básico: ¡ser escuchados!
En esta primavera, de vida nueva, de florecer y reverdecer, alimentemos el diálogo. Es importante que florezca en nuestras vidas, que esté presente en todas las casas, en los gobiernos, en los grupos de amigos y compañeros, en el trabajo, en la escuela, ¡En todos lados!¡Feliz primavera para todos! ¡Feliz Diálogo para todos!

29 de julio de 2009

¡LLEGARON LOS CANTEROS!

Llegó el invierno. Trato de quererlo, de entenderlo y de convencerme diciendo que de seguro, Diosito lo creó para algo, pero no hay caso che. Extraño el verano, el calor, las calles llenas de gente, las siestas en la pelopincho con los mates y hasta extraño a los mosquitos, con su dengue y todo. Pero bueno, el frío me obligó a meterme adentro un poco y ponerme con esa Tesis, que necesito para recibirme y la verdad me cuesta mucho (en realidad iba a decir “me cuesta un huevo”, pero queda muy mal en un escritor).

El viento me hiela la cara y el sol, pobre, hace lo que puede con sus rayos. Salí a caminar un poco y llegué a la Avenida Savio, que pasando calle De la Nación se llama Avenida Moreno. Así pase de un prócer a otro en unos segundos. Fue allí cuando las vi, ahí estaban, altas y firmes, adornando el camino de asfalto: unas palmeras caribeñas erguidas en el medio de la avenida.

¡Wow! ¿Estoy en Miami? O... ¿borracho?... ¿Yo?.. ¡No! A las dos de la tarde, imposible. Ojo che, el frío te debe estar afectando, o... ¿te habrá agarrado la gripe porcina?.

En fin, para que voy a alargar. Ni borracho, ni gripe porcina, ni fiebre, ni nada que se le parezca. Al municipio se le ocurrió construir unos canteros centrales en la avenida y hasta ahora lo hicieron en dos cuadras (de Pellegrini a Mitre). Parece que el Intendente se quiso perpetuar en algo y ser recordado como el hombre de los canteros.

La verdad no quedaron mal. Al principio no me convencían. Pero ahora que los pintaron de blanco y pusieron luces y plantas, la cosa va cambiando. Y bue... no será Oroño, esa avenida rosarina tan majestuosa, pero algo es algo. Además, seamos realistas, para ser Oroño, le faltan esas chicas universitarias que caminan de acá para allá y eso, no lo podemos solucionar, salvo que contratemos extras.

Cruzando la avenida un hombre muy enojado, me dijo algo. No sé porqué me ven cara de “este me va a escuchar”, pero tuve que escucharlo decir: - ¡Con esto hacían dos casas! ¡Estamos todos locos! Y luego remató, como para decir que provenía de buena fuente: - ¡Ojo! Me lo dijo mi amigo arquitecto.

La aparición de los canteros, así de golpe, me motivaron a escribir algo y a imaginar una charla futura.

- Ché Pá... ¿esos canteros de ahí cuando los hicieron?
- Mirá cuando tenía tu edad no había nada, y papá cruzaba siempre por el medio en vez de ir por la senda peatonal. Pero cómo los nicoleños y los argentinos somos así, mal educados, los construyeron para que crucemos por la senda como corresponde y no terminemos debajo de un camión o un auto.
- ¡Ah! Yo pensé que eran para adornar la Avenida.
- Y...si, si, también para eso, obvio.
- Pero... ¿cuando los hicieron? (mi hijo ya sabe que su padre se va por las ramas y que nunca contesta sólo lo que le preguntan)
- Los construyeron en junio de 2009, cuando se venían las elecciones, y ahí es como que puede suceder cualquier cosa. Magia, como la de Harry Potter, Bailando por un voto o lo que sea.
- ¿Harry qué? ¿Bailando qué? – preguntó mi hijo intrigado. ¡Vos siempre con cosas pasadas de moda Pá!
- ¿No sabés quien fue Tinelli?
- No, pá. No lo dimos en la escuela.
- Menos mal, hijo, menos mal. Yo crecí viendo eso y mirá como quedé. Otro día te cuento bien. Era un programa de tele. Y Harry era un mago que salió de un libro. Volviendo a los canteros, cuando era chico, tu abuelo me contó que había unos canteros enormes con plantas impresionantes, pero después se ensanchó la avenida y bueno, sacaron todo. Luego, pasaron años sin nada, solo baldosas en el medio de la avenida como para dividirla. Y cuando yo tenía 25 años más o menos, llegaron estos canteritos hermosos.
- ¿Y pensaron bien antes de hacerlos?
- Siiiiiiii, por supuesto. Todo se planifica en una ciudad antes de llevarse a cabo. Las palmeras son la especie de la zona, acorde a nuestros climas, hijo mío.
- Y los políticos además de hacer canteros, ¿hacían otras cosas?
- ¡Puf! ¡No sabés! El lema de campaña era NOSOTROS HACEMOS. Así que imagináte, no paraban ni un segundo. En realidad, todos los políticos trabajan todo el día y son gente muy honesta. Jamás tocan nada que no sea de ellos y con los impuestos que les pagamos hacen muchas obras de bien para la comunidad.
- ¡Qué bueno Pá! Así que trabajaban mucho ¡Unos ídolos!.
- Bueno, trabajar... no era la palabra, pero hacían algo que ellos llamaban gestión. Nunca entendí bien que era. Digamos que hacían de todo pero no se sabía bien qué hacían realmente.
- ¡Qué misteriosos!- dijo el niño con cara de intriga y admiración.
- Sí hijo, la política es un misterio, también es un arte (le iba a decir que era el arte de robar pero pobre, tan chico para amargarlo)
- Hacer el bien, un arte, misterio... ¡es como ser un superhéroe!. ¡¡Cuando sea grande voy a ser político papá!!- dijo el niño exultante.
- Qué bueno hijo, qué bueno – le dije con una sonrisa forzada, como para no desanimarlo.


Con esto de los canteros volé, como siempre, con mi alma fantasiosa de escritor. Mirando fijamente esas palmeras en medio de la avenida y riéndome de mí mismo por esa charla futura, seguí caminando contra el viento helado, añorando el verano. De seguro las palmeras también sueñan con el mar, la playa, las chicas, pero pobres, les tocó adornar el medio de la Avenida Savio, en la ciudad de San Nicolás de los Arroyos.

Esperemos que esa charla exista algún día. Estamos en Argentina, y cuando un gobierno asume destruye lo que hizo el anterior, y todo vuelve a empezar. Y así estamos.

No sé si estos canteros van a durar mucho, pero por ahora, aquí están, llegaron para
nosotros y nuestras generaciones futuras.

5 de julio de 2009

LA VENGANZA DEL CERDO CON GRIPE

Quien iba a pensar. Hace una semana estábamos bombardeados por el tema de las elecciones y toda la parla de los candidatos y su paseo por los medios hasta el hartazgo. Hace una semana volaba por los aires nicoleños la querida avioneta, dale que dale, con el locutor diciendo, Nosotros Hacemos, Vote lista.... y la marcha peronista, taran tan tan, una y otra vez, y Hugo del Carril cantando, como disco rayado, sólo la parte que dice que “los muchachos peronistas, todos unidos triunfaremos”. No me molestaba tanto al principio pero después -que me perdone el Gral. Perón, que en paz descanse- ya me tenía repodrido. Que llegue la veda, decía la gente, así no los escuchamos más. Las calles plagadas de afiches, con rostros de políticos: un día pegaban uno y al día siguiente le chantaban otro encima y así sucesivamente.
Por suerte, la tortura mediática pasó, celebramos la oportunidad única de elegir, y a otra cosa mariposa, o sea, ahora a laburar, pero no sé, porque los políticos hablan mucho y de laburar, ni a palos, pero no pierdo las esperanzas, no es cuestión de caer tan rápido en el pesimismo.

Escribo en domingo, una semana después de haber acudido a las urnas a meter el votito. Estamos todos paralizados, encerrados, pero no porque los políticos nos dan miedo y terror, (aunque algunos son de terror, sí) sino que por primera vez se cambia la frase “la culpa no es del chancho, sino del que le da de comer” y ahora parece que sí, que la culpa es del chancho, un chancho engripado que estornudó en México y lo hizo tan fuerte que la peste llegó hasta nuestro país.
Nunca imaginé este relato medio tétrico, pero la realidad excede la imaginación. La Argentina está paralizada por la Gripe Porcina, un nuevo virus llamado científicamente Gripe A H1N1. Es el virus de la gripe, pero transformado en uno nuevo y entonces la cosa se complica porque no se sabe bien qué hacer, y hay pánico porque viene causando varias muertes.
Hace unos meses, veíamos esto por la televisión: México, pánico, la gente con barbijos, los noticieros plagados por el tema de la gripe porcina en ese país. Lo mirábamos como espectadores, desde la última butaca: lejos, lejos, acá no va a llegar. Pensamos que era para desviarnos la atención de las elecciones, o del dengue, la enfermedad que padecimos en verano. Ahora que lo pienso mejor, todo esto debe ser una venganza planificada: matamos mosquitos, comemos cerdos y bueno, algún día el mundo animal se tenía que vengar de nosotros.
Y así no sabemos cómo llegó, si en tren, en avión, en barco, pero llegó.. Y está paseando por todas las ciudades, impulsado más aún, por el invierno.
Y acá estamos, tratando de permanecer en casa, con mucho cuidado. Primero se suspendieron las clases. Fueron cerrando uno a uno los establecimientos educativos en los que había casos de Gripe porcina, pero después se avivaron, -siempre tarde- y decretaron el fin de las clases: las aulas están vacías y por un mes no habrá actividad. Luego como la cosa iba empeorando se cerraron también los boliches y lugares de encuentro. Las calles se están vaciando hasta quedar casi desiertas, mientras Crónica TV no para de sumar muertos como un contador de visitas en Internet.
No viene al caso, pero me acabo de acordar del cuento ese que me leía mi vieja cuando era chico, el de los Tres Chanchitos. Y también de la alcancía con forma de chanchito que tuve una vez y no pude aguantar la ansiedad de romperla para sacar las monedas y gastármelas en cualquier cosa.
Se cansó el pobre chancho. Por algo se habrá enojado y por algo habrá estornudado tan fuerte.
Tal vez porque lo hemos maltratado por años diciendo, “¡Qué chancho!” para expresar que alguien es sucio o mal hablado, o “¡Qué gordo cerdo!” para expresar que alguien es desagradable y bien, bien gordo.
Quizá el cerdo, muy astuto, hizo un arreglo económico con los fabricantes de barbijos, alcohol en gel y los laboratorios de medicamentos (siempre hay beneficiados ante una tragedia). Vamo’ 50 y 50, le habría dicho el chancho mexicano a los empresarios.
¿Sobreviviremos a este encierro tipo Gran Hermano? ¿Sobrevivirán los padres a un mes de encierro con sus queridos niños?¿Aguantarán los infieles sin poder ir con sus amantes a los albergues transitorios? ¿Podremos vivir sin boliches? ¿Pasará rápido todo esto? El año pasado, a esta altura la culpa era del campo, y ahora la culpa es del chancho. Te pedimos perdón chancho querido. Por favor, la próxima vez, antes de estornudar avisá. ¿OK?

El chancho engripado nos forzó a la convivencia. Qué Dios nos libre y guarde.