22 de septiembre de 2010

PRIMAVERA

Por fin, había llegado la primavera. El pequeño capullo había aguardado durante mucho tiempo aquel instante, y finalmente pudo desplegar sus pétalos al sol. Era el momento más esperado, el más importante, el de convertirse en flor. Se conmovió en cuanto comenzó a sentir por primera vez, los rayos del sol que se proyectaban sobre ella acariciándola, llenándola de luz. Y se sintió más feliz que nunca, bajo el sol radiante de septiembre.

El círculo luminoso de luz y calor, allá en lo alto, iba recuperando, poco a poco, su poder en la zona donde le había tocado nacer a este capullo. El planeta Tierra, en su acostumbrada rotación, había dejado, durante unos meses, que el invierno hiciese su fría tarea por esos parajes. Pero ya había cesado ese tiempo de rayos que llegaban débiles y había llegado la hora, en la que, una vez más, comenzaba a calentar de manera diferente al globo terráqueo, y su calor aumentaba día a día hasta la llegada del verano, estación en que se sentía su ardor con toda su fuerza.

La flor era de color blanco y de una belleza admirable. Atrás habían quedado los días de espera en el capullo. Estaba muy contenta, con el sabor de la misión cumplida, orgullosa de sí misma y sintiéndose única. Disfrutó mucho la felicidad de na-cer, aunque llegó un momento en el que se sintió sola; tan sola que se entristeció. Y así pasó toda una noche de primavera.

Al amanecer del día siguiente, su tristeza se esfumó. La angustia la había llevado a mirar a su alrededor para buscar algo que la hiciera feliz. Logró darse cuenta de que en realidad, no estaba tan sola. La primavera había llegado para todos, pero ella no sabía de la existencia de esos todos llamados los demás. Había nacido como una flor bella, bellísima, y ahora sabía que podía ser vista y admirada por el mundo. Y algo mucho mejor: ella también podría ver y admirar el mundo que la rodeaba y formaba parte de su vida de flor.
Lo primero que vio fue un parque inmenso y verde, muy verde. Después vio a muchos seres llamados personas; algunas estaban sentadas junto al lago y otras formaban grupos dispersos por allí. También vio algunas que pasaban caminando junto a ella. Charlaban, reían, cantaban. Y no se sintió tan sola como antes.

Su sorpresa mayor al notar que muy cerquita, había otras flores idénticas a ella. Se quedó observándolas detenidamente, muy asombrada mientras ellas hablaban entre sí.
Cuando se percataron de su existencia, cesaron de hablar y una a una se fueron girando para mirar a la nueva flor que había llegado al mundo, en aquel día de primavera.
–Sos una nueva margarita. ¡Bienvenida!– le dijeron las flores al unísono.
La nueva flor blanca no contestó. Se había quedado muda del asombro. No le gustó para nada la idea de no ser la única. Y para colmo se había dado cuenta de que formaba parte de una gran planta.
–¿Estás contenta, no?– le preguntaron insistentes, las otras margaritas, al ver que la nueva seguía en silencio. Y continuaron diciéndole:
–En primavera todas compartimos la alegría de nacer juntas.

La nueva flor fue integrándose de poco a la nueva realidad. Comenzó a hablar y, para el final del día, había olvidado su enojo. Le pareció hermoso compartir la primavera y saber que no estaba sola. Y se alegró mucho más cuando se enteró de que durante esa estación llamada primavera, miles de flores de toda la región compartían la alegría de nacer y mostrarse al mundo.

Mientras, en el parque, cientos de jóvenes celebraban la llegada de la primavera desbordantes de alegría. Y más allá del parque, en la ciudad, miles de personas celebraban, de alguna manera, la llegada de la estación de las flores y el color.

Durante la tarde la planta de margarita, le contó a sus flores, cuánto le había costado reverdecer.
–Fue un invierno crudísimo… me salvé de milagro.
Y les explicó que lo más importante estaba en las raíces fuertes que ella tenía, que sin ellas no estarían allí, adornando el parque. Ni la más cruda helada, ni el más fuerte de los vientos habían podido con ella. Y allí estaba, nuevamente verde, llena de flores, renaciendo con la primavera. Porque a pesar de todo lo vivido, era posible reverdecer.

¡Eran tan importantes las raíces, aunque no se vieran y estuvieran ocultas! Por eso entre todas las flores y la planta, le hicieron una gran reverencia y gritaron su agradecimiento a las raíces que estaban allí, debajo de la tierra.

La nueva flor estaba muy sorprendida.
¡Cuánto había aprendido ese día! ¡Cuánto había crecido! ¡Florecer no había dependido sólo de ella! Al compartir con las demás y con su hermosa planta pudo entenderse así misma, incluso había descubierto una gran cosa: ya no era una flor blanca, simplemente. Ahora sabía que era de la especie de las margaritas y eso la llenaba de orgullo.

–¡Jamás hubiera sabido quien soy sin ustedes!– les dijo a las demás flores, muy pero muy entusiasmada.

En el parque, los jóvenes seguían celebrando la llegada de la primavera.
Cantaban, escuchaban música, y bailaban sin parar. Y las flores de la región celebraban alegres su nacimiento al mundo, con todo su esplendor. Y en ese mismo instante, una joven mujer salía a su balcón a apreciar sus plantas reverdecidas y llenas de flores, y en ese mismo instante un hombre regaba su jardín florido, y sonreía en su jardín reverdecido. Y en ese mismo instante, un niño se maravillaba, sintiendo por primera vez el aroma de una rosa.
Los días de invierno, de frío, de quietud, de descanso y refugio, habían quedado atrás. El sol sonreía luminoso en el cielo sin nubes, deslumbrado por los colores que las flores le daban al mundo. ¡Cómo no iba a sonreír y a ser feliz! ¡Era testigo de una explosión mágica de color! Todos lo vieron ese día… El sol sonrió más luminoso que nunca porque, por fin, había llegado la primavera.

PERIÓDICO DIÁLOGO. Mensual gratuito. Año XVII. Nº 193. Septiembre 2010. Capital Federal.

12 de septiembre de 2010

SEÑALES EN EL CAMINO

Las señales siempre están, existen, a pesar de que la mayoría de las veces no les prestemos atención o de que las pasemos por alto. Con esa oración inicial mi columna de este mes parece hacer referencia a la seguridad vial o a nuestra actitud ante las señales de tránsito. Pero no es así.
En esta ocasión quiero hablarles de las otras señales, esas que también avisan, indican y van marcando un camino, una ruta llamada vida.
En un momento de mi vida aprendí que Dios nos habla, y que envía señales todo el tiempo para indicarnos su presencia. Esto no quiere decir que tenemos que estar esperando señales todo el tiempo y pensando cada cosa como si tuviera un significado oculto, pero si, estar atentos a lo que nos pasa. Dios nos habla a través de esas cosas que parecen sucedernos porque sí, y también, y sobre todo, a través de las personas que nos rodean.
A veces no entendemos el porqué o no encontramos explicación a cada cosa que nos ocurre. Pero todo tiene un porqué, tanto lo bueno como lo malo que vivimos. He comprobado que incluso, hasta los sufrimientos, tienen una explicación y siempre termina resultando para mejor. Porque Dios quiere siempre lo mejor para nosotros.
Por supuesto, somos seres limitados, y excede nuestra capacidad el saber leer o interpretar esas señales en el momento en que nos llegan. La mayoría de las veces estamos desatentos, entretenidos en nuestro vivir diario u ocupados, sin darnos un tiempo para pensar qué es lo que van marcando esas señales en nuestro camino.
Por ejemplo, el que yo esté hablando de este tema no es casualidad; recibí algunas señales que supe descifrar a tiempo. Y el que estés leyéndolo tampoco es casualidad. Nada sucede porque sí.
Lo primero que me sucedió fue que, a través de varias personas, me llegó una idea repetida: que las enfermedades no son simplemente enfermedades sino que también son señales de nuestro cuerpo para avisarnos que algo anda mal o que algo estamos haciendo mal. A partir de allí, comencé a tomar a las enfermedades como un aviso. Ante la enfermedad tendemos a buscar el remedio y punto, pero no a preguntarnos el porqué de esa enfermedad. Si bien algunas no podemos controlarlas ni saber sus causas, en su mayoría están provocadas, lamentablemente, por nosotros mismos.
Descifrando las señales que nos da nuestro cuerpo podremos saber si llevamos o no una buena vida. Y a partir de eso podemos repensar nuestro modo de vivir.
Otra cosa que me sucedió fue pensar a los silencios o las ausencias como señales. Muchas veces ocurre que nos enojamos con la gente que parece no expresar nada, tildándolos de fríos, pero hay algo en esos silencios por descifrar. Y también las ausencias comunican algo. Nadie calla ni desaparece porque sí. Seguramente nos dio alguna señal con anticipación y no nos supimos darnos cuenta.
Por supuesto también están las señales de las personas que nos rodean, dándonos muestras diarias de amor y cariño, señales constantes que indican que nos quieren mucho y que dicen “aquí estoy, a tu lado, acompañándote”.
Luego de incorporar esa noción de enfermedad como señal o aviso, tuve que afrontar un momento personal y familiar muy difícil. Cuando todo pasó, entendí el porqué de todo eso que atravesé y atravesamos, y llegué a darme cuenta que realmente tuvo un significado. Y aprendí algo que dejó huella para siempre.
Las pruebas o momentos duros de nuestra vida, casi extinguen nuestras fuerzas, parecen vencernos, pero finalmente las superamos, tomando conciencia de que llegaron en el momento justo, para señalarnos y enseñarnos algo valioso.
Las señales en el camino de la vida no están colgadas en carteles o en lugares obvios y resaltadas para que las veamos a simple vista. Nos sorprenden y llegan en el lugar y el momento menos pensados y sólo hay que estar con los ojos bien abiertos y el corazón bien dispuesto para recibirlas.

Hace poco, viví algo mágico, algo increíble. Durante esos días duros que pasé, volvía caminando y angustiado bajo el cielo de una noche fría. Jamás había visto algo así, aunque para algunos es algo común. Miré hacia un árbol gigante que hay cerca de mi casa. Llamó mi atención porque lo habían podado totalmente y sin querer, en ese instante vi una estrella fugaz cruzando el cielo. ¡Me emocioné tanto! Esa estrella me sacó de mí, de mis pensamientos y de mi angustia y me hizo sentir que la magia aún es posible y que una luz siempre brilla para nosotros.

Suelo pensar que nuestra vida ya está escrita y que si bien la podemos modificar con nuestras acciones y decisiones, Dios sabe en qué momento sucederá cada cosa, con un porqué que Él, sabe muy, pero muy bien. Porque Dios, el autor de todo lo creado, tiene escrito el libro de nuestra vida y lo sabe de memoria.

Las señales están para ayudarnos a distinguir una cosa de otra. Mientras escribo esto, recuerdo un día, en el que estaba repartiendo volantes de mis libros, entre una gran muchedumbre. Y de repente me senté, muy cansado, en un banquito, y pensé: No sé si esto que estoy haciendo valdrá la pena. Y en ese instante se acercó una señora que me sorprendió diciéndome: - “Qué lindo volante me diste, me gusta mucho lo que dice, seguí así, adelante, que te va a ir muy bien”. Después de eso me saludó y se fue sin que pudiera decir más que, gracias. Me quedé paralizado ante semejante señal.
Y también puedo contarles que, antes de comenzar a escribir esto, me llegó un mail bajo el título: “nadie se cruza por casualidad” y dice, entre otras cosas, que por algo llegan algunas personas a nuestras vidas, que por algo permanecen y que por algo en algún momento se van.
Está todo dicho. Aquí pongo una señal que dice FIN. Atento a las señales en tu camino. Paso a paso, descifrándolas encontrarás muchas respuestas. Y encontrar respuestas te traerá felicidad. ¡Hasta la próxima señal!

(Columna del mes de Julio 2010 en el Periódico Diálogo)

26 de agosto de 2010

EL HOMBRE Y EL MAR.

No soy muy amante de la poesía pero en estos últimos tiempos estuve amigándome. Comparto con ustedes un poema de Baudelaire, dedicado al mar, que me gusta muchísimo y cada vez que me paro frente al mar, se me aparecen frases.
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EL HOMBRE Y EL MAR

¡Hombre libre, siempre adorarás el mar!

El mar es tu espejo; contemplas tu alma
En el desarrollo infinito de su oleaje,
Y tu espíritu no es un abismo menos amargo.

Te complaces hundiéndote en el seno de tu imagen;
La abarcas con ojos y brazos, y tu corazón
Se distrae algunas veces de su propio rumor
Al ruido de esta queja indomable y salvaje.

Ambos sois tenebrosos y discretos:
Hombre, nadie ha sondeado el fondo de tus abismos,
¡Oh, mar, nadie conoce tus tesoros íntimos,
Tan celosos sois de guardar vuestros secretos!

Y empero, he aquí los siglos innúmeros
En que os combatís sin piedad ni remordimiento,
Tanto amáis la carnicería y la muerte,
¡Oh, luchadores eternos, oh, hermanos implacables!

CHARLES BAUDELAIRE (1821 - 1867)

18 de julio de 2010

DIA DEL AMIGO

¡Hola a todos! ¿Cómo están?¡Con mucho frío seguramente! En esta ocasión, por primera vez, comparto un texto de otro autor. Llega el día del amigo, lo leí y sinceramente me encantó. Expresa mucho de lo que venía pensando...

El autor es Juan Carlos Pisano, autor de Capital Federal y mi amigo. También es el Director del Periódico Diálogo, en el cual tengo la columna "Enfoque Joven", que comparto con ustedes cada mes, en este blog. Algunos lo conocen como "el hombre de Buenos Aires que me ayudó a publicar mi 1er libro". :)

Este texto está publicado en la Edición de Julio 2010. Espero que les guste...

Tengan todos.. ¡Feliz día de la amistad!


Día del amigo --------por Juan Carlos Pisano

La amistad es uno de los sentimientos más hondos que puede experimentar el ser humano. Es un don gratuito, que se da y se recibe sin ningún interés de por medio y, por eso, nos hace más plenos pues es una muy especial dimensión del amor.
La amistad ennoblece, hace crecer y permite salir de uno mismo para darse al otro. La amistad es creativa y creadora y es signo de una madurez que se adquiere paulatinamente en el camino que se transita compartiendo una sonrisa o sobrellevando el dolor. La amistad, es sinónimo de confianza y de entrega sin concesiones que permite disfrutar en los momentos de luz y tiene fe cuando no se ve tan claro.
Nada de esto se da mágicamente y requiere algunas condiciones; en la amistad hay que saber «esperar» al amigo, sin «apurarlo» para que tenga determinadas reacciones o para que responda de la manera esperada. Hay que confiar aunque las circunstancias parezcan decir lo contrario. Exige aprender a respetar el silencio y disfrutar los encuentros aunque no estén «llenos» de actividades. También se debe tener en cuenta que hay tiempos personales y se debe aceptar la intimidad individual de cada uno y «soportar» pacientemente que, en la amis-tad, hay luces y sombras. Así, se puede construir una amistad duradera, perdurable e indestructible.
La transparencia de la amistad, permite pensar en voz alta y «darse la espalda». Los amigos, logran erradicar los prejuicios que vician las relaciones humanas y eliminan de sus códigos las «suspicacias» y las dobles intenciones; hay momentos de enojo, pero no se dejan llevar por la ira o por la «bronca» y siempre piensan bien del otro con franqueza y honestidad.
Los que caminan juntos, se saben esperar para seguir adelante con el mismo paso y se detienen frente a los obstáculos, para ver más cla-ro. Se dan ese empujón necesario en el momento oportuno, cuando el otro está por «bajar los brazos». Si marchan «de la mano» llegarán muy lejos porque así no se cansarán.
La amistad es un remanso de paz. Los amigos transmiten equilibrio y se convierten en escuela de sensatez; tienen sus oídos dispuestos, son comprensivos, saben escuchar con su corazón, y están abiertos en todo momento porque saben ponerse en el lugar del otro.

27 de junio de 2010

¡BUENAS ONDAS! POR UNA ARGENTINA MÁS POSITIVA.

Es la hora que ustedes quieran, en el lugar que imaginen:
- ¡Mozo! Un vaso con agua, por favor . Estoy muerto de sed.
Minutos después el mozo deposita el vaso en la mesa:
- Aquí tiene su vaso con agua, señor .
- Muchas Gracias.... (el hombre mira el vaso y se le borra la sonrisa amable). Pero... ¡este vaso está vacío!.. ¿Usted me está tomando el pelo? Si le pedí un vaso con agua es porque tengo sed
- Le acabo de dejar medio vaso con agua, señor. Perdone, no calculé exactamente.
- Discúlpeme, pero usted me está cargando. Me acaba de traer medio vaso vacío.
- Bueno, disculpe usted; empiece por tomar su medio vaso lleno y le traigo más.
- ¿Quién es usted para decirme lo que debo hacer? Me parece un poco soberbio de su parte.
- No; señor ... – respondió el mozo con una sonrisa nerviosa, sin poder creer lo que le estaba sucediendo.
- ¿Encima se ríe de mí?.
- No, para nada señor, sólo estamos hablando de un vaso con agua. Permiso, pero tengo que seguir atendiendo otras mesas. Y se alejó sonriendo.
- Se ve que le pagan bien acá para que ande con esa sonrisa. – murmuró para sí mismo.

El hombre murmuró algo relativo a que debía a que debía cobrar bien allí para andar con esa sonrisa y decidió beber un sorbo. De inmediato, enojado, llamó nuevamente al mozo. El mozo, con paciencia, volvió a acercarse.

- Medio vaso no es suficiente. Además, este vaso no es transparente.
- El diseño es artesanal con relieve... son los que usamos acá.
- Y el agua es asquerosa, seguramente es de la canilla. Mala, cada vez peor, como los servicios públicos. Este país es así, no cambia más. Dentro de poco vamos a morirnos todos intoxicados.
- Es agua mineral de primera marca ...
- ¿Cómo? ¡Yo no le pedí agua mineral! ¿Por qué no me trae de la canilla? ¡Claro! En este país, ya ni agua tenemos para tomar... es como le dije... para morirse intoxicados. Y ni que hablar de la inseguridad ya ni se puede caminar ...
- Bueno, disculpe, tengo que seguir con mi trabajo. Lo dejo con su vaso medio vacío. Yo seguiré pensando que lo traje un vaso medio lleno.

El mozo se alejó sonriendo y pensó: ¡Qué mala onda! Todo negativo. Uno más y van...
El hombre en la mesa pensó:
- Y a éste qué le pasa . Encima que hace mal su trabajo, sonríe. ¡Desubicado total!


Esta es una manera distinta de contar la diferencia entre los que perciben el vaso medio lleno o medio vacío. Y ver esa mala onda que reina en algunos ambientes.

Me gustaría publicar un aviso en el diario:
Se necesita como suma urgencia, gente con buena onda, con alegría, para conformar un escuadrón regalador de sonrisas, en forma gratuita.

En nuestro estado de ánimo influye muchísimo el entorno. No podemos aislarnos y envolvernos en una cápsula donde los demás no nos afecten. Es cierto que no todo es felicidad, y hay que saber vivir lo malo y lo bueno. Pero en estos días, todo parece ser negativo. Se está expandiendo el virus TMNB (Todo Mal, Nada Bien) y parece imposible detenerlo.

Se le puede echar la culpa de generar este clima a los medios. Pero la gente que se hace eco de ellos acrecienta los efectos de la situación. Los medios amplifican la violencia, la muerte, los escándalos y las malas noticias.
La sangre, el caos, los escándalos armados, la morbosidad y la muerte tienen más rating que las buenas noticias. Particularmente, ya tengo indigestión informativa. Necesito ponerme urgente a dieta y dejar de informarme por un tiempo, o dosificar la cantidad. Si sigo así, mirando noticieros o canales de noticias, me voy a descomponer mal.

Porque está la otra cara: el público que puede elegir el medio que desea consumir.
Encontrar una persona que sonría da para felicitarlo. Si alguien piensa que está todo mal y es incapaz de ver lo positivo, le costará salir adelante. Y el que tiene «mala onda», suele contagiarla a los demás.
Le damos poco lugar a celebrar lo bueno y a ver lo positivo. Deberíamos dedicar más tiempo a pensar –en este año tan especial del Bicentenario– las cosas lindas que tiene nuestro país del que, como joven, a pesar de todo, me siento orgulloso. De tanto criticar los errores no vemos todo lo hermoso que tenemos. Pensemos en positivo. Busquemos que siempre algo bueno debemos tener. ¡Basta de mala onda!
¡Que vivan los desubicados que sonríen!
Por favor, volvamos a sonreír.

COLUMNA DE JUNIO. Periódico "Diálogo". Nº 190.

9 de junio de 2010

LA LECTURA Y EL MÁGICO MUNDO DE LOS LIBROS

Leer. Leer para informarnos. Leer porque nos gusta. Leer para conocer el mundo. Leer para dar rienda suelta a la imaginación. Leer para estudiar y adquirir conocimientos. Leer para alimentar la mente y el espíritu...

En esta ocasión dedicaré mi columna a esa actividad que tanto me gusta que es la lectura. Como escritor he tenido la oportunidad de recorrer muchos colegios y siempre tocamos el tema de la lectura y los libros. Ya sea porque los docentes lo proponen o porque los mismos alumnos, de todas las edades, me hacen preguntas.

Los docentes hacen todo lo posible para incentivar la lectura. En este sentido la escuela tiene un rol importantísimo: brinda a los alumnos la posibilidad de descubrir libros y autores, despierta el gusto por la lectura y ejercita la capacidad de comprensión lectora.

Pero todo empieza por casa. No debemos olvidarnos de esa otra escuela que es el hogar. Al regresar de la escuela, la vida sigue. La motivación ante las cosas es algo que están perdiendo los chicos y los jóvenes de hoy. Los argentinos sabemos bien lo que es transmitir una pasión, sobre todo en lo que a fútbol se refiere. La pasión por los libros también se transmite, y si el sentimiento no llegara a ser fuerte como para ser pasión, aunque sea podemos motivar a la curiosidad de leer y luego esperar, a ver qué pasa, si germina o no, esa invitación a la lectura.

Me canso de escuchar esa frase que dice que “El nene no me lee”: salvo contadas excepciones es difícil que “el nene” lea si vive en una casa donde no hay contacto con los libros. Otra cuestión importante es buscar una lectura acorde al chico o elegir el libro adecuado para esa persona que tanto queremos. Estimular la lectura sólo en la escuela, de nada sirve, si en casa no se le da valor a los libros, o no hay nadie que le dedique un tiempo a la lectura.

De chico jamás me obligaron a leer. Simplemente veía a mi papá y a un tío, los domingos, pasar varias horas frente al diario, y eso me despertó la curiosidad: ¿Qué había allí para tenerlos atrapados tanto tiempo, frente a hojas de papel escritas? Mi madre siempre se llevaba un libro a la cama, para leer antes de dormir. El ejemplo me motivaba más que la obligación.

También fueron muy importantes los primeros contactos con los libros, esos que me compraban de chico o que sacaba de la biblioteca, esos libros que me invitaban a soñar, a vivir mil aventuras, con tanta fascinación que quería estar adentro del mismísimo cuento. Cada libro que abría era un mundo nuevo, un viaje, hacia los confines imaginarios.

A veces piensan que por el hecho de ser escritor me paso la vida encerrado escribiendo y leyendo todo tipo de cosas. Hay un tiempo para todo: para ver televisión, para leer, para escuchar música, para ver una película, para navegar por la web. Cada actividad tiene su encanto.

Otra de las cosas que digo en los colegios va dirigida a ustedes, los chicos, los jóvenes, los adolescentes: no hay manera de no leer, todo el tiempo estamos leyendo. La palabra escrita es una vía de comunicación y expresión y hasta ahora no hay otra que la reemplace. El lenguaje de la palabra escrita no es el mismo que el de las imágenes.
No se pierdan ese viaje impresionante que es la lectura: busquen y encontrarán ese libro que está esperando por ustedes, en algún lugar.

Leer nos permite imaginar, soñar, viajar. Leer es abrir la puerta hacia otras historias que nos permitirán conocer la nuestra propia, como si estuviéramos parados ante un espejo que desnuda nuestra alma.

Leer es también una actitud espiritual. Es una actividad de quietud, de concentración, que sólo requiere de la voluntad de entrar a otros mundos.

Un libro es una puerta abierta hacia mundos mágicos. Abrir un libro es entregarnos al viaje de la imaginación. Un libro nos da alas para volar.

Columna "Enfoque Joven". Abril 2010. Periódico Diálogo.(mensual de distribución gratuita) Nº188.

13 de mayo de 2010

25 DE MAYO DE 2010

La historia, cuando éramos chicos, nos la explicaban de manera simple y breve: el 25 de mayo de 1810, los nombres del primer gobierno patrio, los dibujos del cabildo, las damas “antiguas” y un pueblo esperando, porque “el pueblo quiere saber”. Escarapelas, Pañuelos. Empanadas y mazamorra.¡Viva La Patria!.
De chico lo veía así, una postal lejana e histórica, un día importante para conmemorar en la escuela, con actuaciones, con bailes típicos y colgando guirnaldas celestes y blancas. A la hora de la lección repetíamos casi de memoria los integrantes del primer gobierno patrio y al resumir todos los hechos sucedidos los contábamos como un simple cuento. En la carpeta pegábamos imágenes de los próceres, que en realidad eran hombres de carne y hueso, pero el nombre “próceres” los hacía inalcanzables, fuera de lo humano, casi casi, extraterrestres.
Nos costó mucho. Fue un proceso largo y arduo de esfuerzos y luchas. No fue nada fácil fundar nuestra patria, ponernos de acuerdo, tirar todos para el mismo lado y lograr terminar con nuestra dependencia de España. Costó tener nuestro territorio, fijar los límites, tener provincias, tener una bandera, llamarnos finalmente República Argentina.
Todas estas conquistas que hoy nos parecen naturales, son fruto de un largo camino recorrido, y es eso lo que no deberíamos olvidar a la hora de sentirnos argentinos y a la hora de interesarnos por nuestra historia.
Muchísimas personas dieron su vida y derramaron su sangre por este suelo argentino. Lucharon para que hoy pueda flamear en lo alto de los mástiles, nuestra bandera celeste y blanca..
Hoy nos resulta remota la posibilidad de que exista alguien capaz de dar la vida por la Patria. Hoy, lamentablemente, el Pueblo no quiere saber más nada. Y es mi deseo que valores como honestidad, compromiso por el bien común, esfuerzo, bondad, solidaridad, se amiguen con la palabra política.
Aquí estamos, doscientos años después de aquella fecha. La actualidad nos encuentra siendo un país rico, con todos los recursos naturales y humanos necesarios para ser una gran nación. A pesar de todo lo que le hemos hecho a nuestro país, de lo poco que lo hemos amado, de lo mucho que lo hemos ignorado y maltratado, Argentina sigue de pie. A pesar de estar desunidos y llevar cada uno una bandera propia, Argentina sigue de pie. No hay crisis que haya podido con nosotros, porque al contrario, nos hicimos más fuertes. El tema es si en estos doscientos años hemos aprendido algo de todas nuestra caídas, para no volver a repetirlas.
Falta poco para el mundial, tiempo en el que, gracias a nuestra pasión futbolera, sacamos a relucir nuestro patriotismo efímero, que dura lo mismo que nuestra participación en el la copa de fútbol.
Aquellas personas que hoy nombramos como próceres, llevaban la celeste y blanca tatuada en el corazón y defendían cada día, la bandera de sus ideales.
Para el próximo mundial, decimos que no tenemos equipo, pero que a la vez, contamos con los mejores jugadores del mundo. Una gran casualidad. A nivel país nos sucede lo mismo: teniéndolo todo, no funcionamos como un gran equipo que busca un fin común.
Tal vez nos hace falta eso, trabajar en equipo aceptando las diferencias, dejarnos de pelear, y discutir seriamente que país queremos, y trabajar duro desde el presente. Porque cosecharemos mañana, lo que hagamos en el hoy. Podríamos empezar por lo básico: que cada uno ponga lo mejor de sí, cumpliendo lo mejor que pueda la parte que le toca.
Es posible soñar, con un sol del 25 que desde la bandera, sonría orgulloso de todos nosotros, los argentinos y habitantes del suelo argentino.
Sé que somos muchos y que somos diferentes, y que el territorio es extenso, pero llegará el día en que comprendamos en que la bandera está allí flameando por y para todos. En ese momento, dejaremos de ser sólo provincias colgadas de un nombre de país, para ser realmente ciudadanos unidos con el solo objetivo de tener cada día, un país mejor. ¡Argentina, te quiero!



Mi Columna Enfoque Joven. Periódico "Diálogo" Mayo 2010.