3 de febrero de 2009

MI COLUMNA EN REVISTA ON LINE 2009

Estos son los links hacia mi columna semanal, de Febrero 2009, de la Revista On Line, Editorial San Pablo.

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DECISIONES: pintar el futuro desde el presente. VER ARTICULO

Eso de estar enamorado... VER ARTICULO

Doña Rosa y su amor eterno (Cuento) VER ARTICULO

¡Un futuro diferente! VER ARTICULO

19 de enero de 2009

FERIA DEL LIBRO MAR DEL PLATA 2008

Del 28 de noviembre al 14 de diciembre del 2008 se desarrolló la 4ª Feria del Libro Mar del Plata, “Puerto de Lectura”. La misma se llevó a cabo en la instalaciones del recientemente restaurado Hotel Provincial.
Del miércoles 10 al domingo 14, estuve presente en el stand de San Pablo encontrándome con los lectores.



Conté con el apoyo de la librería San Pablo de Mar del Plata (ubicada en Moreno 2502) quienes me recibieron muy amablemente y me brindaron su espacio.




¡Gracias por todo gente! ¡Estas cosas son muy importantes para mi! Leonardo, Luis, Damián, Victoria... ¡Gracias por brindarse y darme el espacio!




Agradezco también a la señora Mabel G, por brindarme el alojamiento para que yo pudiera cumplir una meta más dentro de este camino que estoy transitando.

Fueron unos días inolvidables, un sueño hecho realidad, donde pude seguir difundiendo mis libros, charlar con la gente y disfrutar de esa ciudad mágica y feliz.

Les dejo un link a una nota del Diario “El Norte” de San Nicolás, que se hizo eco de esta experiencia.

http://www.diarioelnorte.com.ar/noticia.aspx?IdNoticia=110428

¡Hasta la próxima!





AGRADECIMIENTOS

Librería San Pablo (MardelPlata): por el espacio brindado, por la atención recibida y por las fotos.

Mabel G:
por el alojamiento.


Fotógrafo Ismael Ricardo Sosa: por la foto en la que estoy firmando los libros.

Mauro Foray: por el diseño de las tapas y el mar.

Diario "El Norte": por la difusión constante.

11 de enero de 2009

EN LA NOCHE DE REYES

Es la madrugada del seis de enero y acá ando yo desvelado como siempre, y mucho más cuando es verano. Estoy mirando cualquier cosa en la tele, haciendo zapping mientras en la mesa hay un libro esperando por mí. La casa está tan en silencio como la ciudad: allá afuera es verano, se notan las vacaciones, la pausa, el calor que agobia y la resaca de las fiestas que pasaron hace poco.
En la TV, a estas horas, hay varios pastores hablando en vivo, con sus exagerados ademanes, con su altos niveles de expresividad, con su portugués mezcla con español, dando soluciones a la gente para que sea feliz, pidiéndoles repetidamente que paren de sufrir y que vengan a la Conferencia, porque les van a dar no se qué objeto sagrado. Pongo pausa. El pastor queda en silencio. Me pongo a hojear el libro.
Al costado del televisor, en una especie de cuevita armada con papel madera, está el pesebre que mi vieja armó con esmero y dedicación el día en que también se armó el arbolito. Qué lo tiró...ya lo tenemos que desarmar... sin darnos cuenta se nos pasaron las fiestas, dijo mi viejo esa tarde mientras tomaba unos mates.
Así es que, mientras estaba por ponerme a leer, dediqué unos segundos la mirada hacia el pesebre y reparé en la pequeña sandalia blanca, que mi sobrinita había dejado allí la tarde anterior. Y a partir de esa sandalia solitaria ahí en el piso, sin querer, comencé un viaje hacia el pasado.
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La ilusión, la magia. Podemos discutir si es bueno o no, eso de crear una fantasía que se desmoronará con el paso del tiempo. Pero habiendo tantas cosas por desmoronarse al crecer, tantas cosas en las que uno cree y se las irá llevando el tiempo, que está bueno creer en una ilusión, en esos Reyes Magos de Oriente que hace muchos años, llevaron sus ofrendas al niño Jesús en Belén y hoy pasan por casa para dejarnos un regalo.
“Los Reyes son los padres”, es la frase que devela el misterio y acaba con la magia. Pero... ¡qué lindo era creer! Que la magia era posible, que los Reyes pasaban, que los camellos se comían el pasto y que tomaban un poco de agua. Nunca entendí por qué no le dejábamos un sándwich aunque sea, para estos tres pobres tipos que venían desde lejos en camello y andaban regalando sin pedir nada a cambio.
En aquella noche me iba a dormir temprano porque mi vieja repetía sin césar...hay que dormirse temprano, hay que portarse bien, mirá que sino no vienen los Reyes. Melchor, Gaspar y Baltasar, se transformaban en la amenaza infalible y lograban que por unos días me portara bien e hiciese caso.
En aquella noche casi no podía dormir de la ansiedad, pero hacía el esfuerzo. En esas noches de verano y de ilusión, de magia y de espera, uno intentaba quedarse despierto para verlos dejar los regalos y poder pescarlos justo. Me imaginaba a los camellos en el medio de la cocina y me daba mucha risa y a la vez mucho temor, porque... Má... y si el camello se me mete en la pieza ¿qué hago?. Nunca los vi: siempre los muy astutos elegían el momento en que me dormía para traerme los regalos.
En aquella noche me dormía bajo el ventilador de techo, que hacía más pasable el calorón, mientras mi viejo regaba las plantas del jardín hasta tarde y seguramente se fumaba un par de cigarrillos tranquilo y sin apuros.
Y aquella noche pasaba y llegaba el despertar, y ahí estaba: ¡el disfraz de Rambo que había pedido! ¡Y con cuchillo y todo! Y ese día no veía la hora de salir a la vereda, para preguntarle a Juanchi, a Luciano, a Celeste o a Gabriela, qué les habían traído los Reyes. Y si se daba el milagro, por ahí nos prestábamos un rato los juguetes.

La TV por supuesto siguió en pausa mientras yo viajaba a la infancia. El pastor siguió hablando e invitando a las almas agobiadas a que pasen por la Conferencia.( que sería como una misa, pero con nombre más marketinero)
Yo seguí mirando la sandalia de mi sobrinita y la comparé con el tamaño de mi pie. Pensar que yo alguna vez tuve el pie así chiquito - pensé. Pie pequeño, ilusiones grandes, creer que todo es posible... y hoy un pie tan grande, pero cómo cuesta soñar, tener ilusiones...
El niño que fui está en alguna parte de mí y en esta noche silenciosa de verano quiso salir a jugar, al ver la sandalia ahí en el piso. Me dijo al oído que quiere poner el pasto y el agua para los Reyes, y luego irse a acostar, con la voz de su madre cantando hasta cansarse que Llegaron ya, los reyes eran tres, y que todos los regalos le traerán, para jugar mañana al despertar.
Ya nada es lo que era, pero en un momento quise creer en la magia y estuve a punto de poner mi zapato allí, al costado del pesebre y junto a la sandalia.
Ya nada es lo que era, pero me voy a dormir con un poco más de ilusión, recordando esas noches mágicas donde fui feliz; muy, muy feliz.
Chau. Hasta mañana... Y que sueñes con los angelitos.

24 de diciembre de 2008

GRACIAS A TODOS!!! HASTA EL AÑO QUE VIENE! Y....FELICES MOMENTOS!!!!





FELIZ NAVIDAD

Y AÑO 2009!!!!

Que la alegría y la paz iluminen sus pasos...
Llegan las fiestas, la Navidad, el año se va y llegará uno nuevo llamado 2009.

Se nos va este 2008, con sensaciones encontradas: por un lado la palabra crisis dando vueltas, y por el otro las hermosas sensaciones que nos dan las fiestas y el vivir...

Desde este blog, que comenzó en abril, y que ha sido un espacio en el que pude contarles mis historias, quería saludarlos a todos.

Les deseo lo mejor en estas fiestas, y sobre todo que no olviden la esencia de todo esto: más allá de un regalo o la comida, está el juntarnos, compartir algo, y sobre todo aprovechar estos momentos para ser más humanos, parar un poco y darle paso a los sentidos y a las emociones.

Dar un abrazo, decir te quiero, pedir perdón, sentir, ¡EXPRESAR!... aprendamos de los más chicos, a ser más espontáneos y expresivos.

Que la crisis no opaque nuestra humanidad: la crisis es económica,-sólo económica-, pero aún peores son las crisis humanas, esas en las que dejamos de SER HUMANOS.

Se va un año!! Regalen lo mejor de ustedes, hoy y siempre. Compartan la alegría de vivir, las penas, todo!!!...

Feliz Navidad, Feliz nacimiento o renacimiento!!

Para los que creyentes nace la luz del mundo, Jesús hecho niño.

Para los que no crean es una buena oportunidad de pensar en estos símbolos: el nacer, la luz, la paz que trae la llegada de un niño al mundo.

GRACIAS POR ACOMPAÑARME!!


SERA HASTA EL AÑO QUE VIENE!!! Con más historias por contar!!!

1 de diciembre de 2008

LA PISTA ELECTRÓNICA (Paisajes nocturnos)

El láser, ubicado en una punta de la pista, no para de moverse, disparando rayos de luz verde, que dibujan libremente en el aire y sobre los cuerpos de la gente que baila. Se da - como en toda pista- una batalla sin fin entre las luces y la oscuridad. Hay una gran bola espejada en el techo, que multiplica la energía sobre los bailarines del mundo electro, de los fanáticos del “punchi, punchi”.

La pista electrónica tiene fama de rara: tal vez por la gente, por los looks, por la música en sí, que parece monótona. Tal vez por eso es una pista aparte en todos los boliches: para que todos aquellos que no se la bancan - o no pueden estar ni un minuto, o les parece para extraterrestres o... etc, etc - no vayan y se queden en las otras pistas bailando otros ritmos.

Yo me hago cargo. Hace muchos años pensaba lo mismo, cuando no toleraba lo diferente, y me la pasaba diciendo: “ESTAN RE LOCOS”. ¡Como si yo fuera normal! Cuando uno va creciendo aprende a preguntarse cosas como....¿qué es lo normal? ¿Qué no lo es? Y otras preguntas existenciales y medio filosóficas que uno se hace, pero que ahora no da para explayarse en este paseo por la pista electrónica que intento darles.

En esta pista hay gente que cierra los ojos y se deja llevar, como poseída. La música invade los cuerpos en todas las pistas, pero me permito afirmar que en esta, es más evidente. Hay mucha expresión (se podría decir “zarpados en expresión, man”). La música en monótona o repetida o siempre lo mismo, para el que no entiende. Para el que sabe, la música electrónica va transmitiendo estados, va bajando, va subiendo hasta que llega a su estado máximo de explosión, cuando las paredes parecen estallar y la gente explota de locura. Para los que no entiendan, es algo así como un acto sexual con orgasmo consumado.
Cada tema electro es una historia y un camino a recorrer, como cada uno quiera. Hay movimientos libres, no hay una forma establecida para bailar y por eso cada uno hace la suya. Tiene mucho de individualista, hay poco roce de los cuerpos, pero también tiene mucho de tribu, de ronda, de seducción y de saber que todos están ahí porque aman esa música.
Se dice que “están todos dados vuelta” o que consumen algunas sustancias raras, pero, como en todo lugar, hay de todo y no es bueno andar generalizando.
La música es invisible, pero en esta pista parece materializarse. Uno ve como ingresa por los oídos e invade los cuerpos, y los va liberando uno a uno, hasta transformar la pista en una gran tribu en la que el DJ es el cacique de turno.
No faltan las gafas o los lentes oscuros (¿dónde está el sol que no lo veo? ..dirá una amiga con bronca por esto de que los electros llevan lentes al boliche). Pero es tanto el fanatismo, que las gafas son algo clave, suman y mucho.
La gente hace movimientos de cabeza, de pies, de manos, de hombros, repetidos pero a la vez en un estilo diverso en cada persona, como diciendo: “yo bailo así y no me importa nada”. Cada tanto irrumpen nuevas modas, pero las modas pasan y la música y la gente quedan. Así como un día llegó el paso flogger, un día se irá. Algunos apasionados o “emocionaditos” se mueven con todo; otros más tranquis acompañan con un trago en la mano.
Hace unos años llegó una visita inesperada a la pista: las botellitas de agua mineral. Así es de original el mundo electro: trajo agua al reino del alcohol. Todos sabemos que es por una droga llamada éxtasis, pero también hay algunos que se compran agua para estar en la onda. Exagerando un poco, la movida electrónica, sin querer, hizo un aporte a la salud de las personas. (Y el dueño de Eco de los Andes, chocho de alegría)
No quiero olvidarme de los curiosos, los que pasan a ver que onda y se van. No entienden mucho esto que ven, pero tratan de buscarle la vuelta y si no se la encuentran se van por donde vinieron.
Y si. Tanta gente así, atrapa, da curiosidad, intriga, misterio. Pero les aseguro que no hay ningún trastorno grave: sólo pasión, ganas y elección de un género musical. Les gusta la electrónica y nada más. Que no los jodan, si ellos no joden. Y si tienen ganas pasen, vean y déjense atrapar o de lo contrario, siempre habrá otra pista esperando, con otro clima.
La pista electro es un gran show, donde aparecen un sinfín de personajes. El show termina cuando el DJ decide dar paso al silencio En ese momento los que queden en la pista darán fuertes aplausos celebrando una noche espectacular donde fueron protagonistas.
En ese momento la realidad dice ¡hola!, y se dan cuenta de que el sol ya salió allá afuera y ahora sí, las gafas, cumplirán la función para la cual han sido creadas.
Mientras escribía esto me sonaba una parte de una canción de PINK: “God is a DJ, life is a dance floor, love is the rhythm, you are the music”… (Dios en un DJ, la vida es una pista de baile, el amor es el ritmo y tú eres la música).

También, antes de terminar esto, se me dio por buscar sinónimos de éxtasis, por curioso que soy, nomás: embelesamiento, enajenación, embriaguez, hipnosis, hechizo, encantamiento, abstracción, asombro, maravilla.
La pucha, me digo. Si hubiera empezado por esto, creo que no hacía falta escribir tanto. La pista electrónica, es todo esto. (Y MUCHO MAS)

10 de noviembre de 2008

BUENOS AIRES LIBRE (como un garabato)

Como cuando uno hace un garabato, sin pensar, en un papel, les voy a dejar este garabato que hice, pero con palabras.
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Tarde gris. Capital Federal. Mi vida y yo. A veces cuando uno viaja piensa qué pasaría si uno no vuelve más, qué deja uno atrás, qué cosas nuevas, qué cosas locas empiezan a brotar desde el fondo de nosotros mismos.... ¡Cuántas cosas que con el tiempo se van adormeciendo! O.. mejor dicho ¡dejamos adormecer! Será por eso, que si bien anhelamos tener tiempo libre, a la vez nos da un poco de miedo la libertad.

¿Miedo? Sí, dije miedo. Sin las obligaciones diarias, esas de las que nos quejamos, somos nosotros mismos y eso de vernos tal cual somos y pensar... es ... todo un tema. Mejor seguir ocupados a veces ¿no?

Ayer el sol, hoy las nubes. Los tanos, los brasileros, los yanquis, los de afuera, los de acá, los de paso.

Una plaza. La San Martín. La gente toma sol mirando hacia la torre de los ingleses. Es como una playa mirando hacia el mar, pero este mar es bien urbano, hecho de gente que pasa y pasa y de tránsito que pasa y pasa y sigue pasando allá en la avenida.

Una chica hace dibujos con tinta china negra en un cuadernito de esos de tapa dura, de escuela primaria. Su novio toma sol mientras ella dibuja lo que está viendo. Luego deja el cuadernito a un costado, lo despierta y se regalan esos mimos del amor, entre el pasto y el baño de un sol de primavera.

Florida. Una peatonal con cosas para comprar, con negocios, galerías, restaurantes, oficinas. y con los que reparten panfletos (al principio trato de aceptarlos pero ya después admito que me hartaron). Los volantes...invitaciones a comer... invitaciones a tener sexo..invitaciones a realizar cursos y capacitaciones... Algunos volantes, los menos, difunden alguna actividad cultural o una institución.

Florida también está plagada de artistas dueños de la calle, estatuas vivientes, bailarines de tango o de lo que sea. Arte, arte, arte. El mundo de los artistas y el otro mundo, el que pasa al lado, el que deja una moneda, el que se para a ver, a oír, a sentir...

Las librerías de la calle Corrientes, pequeños mundos que nos transportan al pasado, a un librero que te atiende bien, que saluda, que te dice que te puede ayudar en algo, que sabe de libros. Todo es como antes de las grandes corporaciones, de los grandes sellos y grupos editoriales. Antes de que nos reine ese Dios vendelotodo llamado marketing.

Caminar, caminar y caminar. Y volar, volar, volar. Avenida Corrientes, la que nunca duerme, tiene librerías, pero también están los teatros, los actores y las actrices con sus obras en cartel.
La vi a Viviana Saccone, tomando un café con un hombre. Me detengo a ver por un rato. Eso de ver a una actriz en la realidad, tiene lo suyo. Por un instante, la magia esa de traspasar la tele. Luego la magia se va y de inalcanzable pasa a ser real. Pero es muy hermosa, por cierto.

La 9 de julio. Ancha, muy ancha. En la plaza de la República, palomas y gente sacándole fotos al Obelisco.

Y muchos carteles de publicidades, que me venden cosas, que en realidad no necesito para vivir. Será por eso que son tan grandes, como para convencerme de que sí, eso me hace falta, y como soy humano, a veces caigo en la trampa -carajo- y compro...

Tal vez los he mareado un poco con este texto .... salió libre, así, un poco loco.. como mareado de tanta Capital.

(3 de octubre)

30 de octubre de 2008

DESDE UN RINCON DE OTRA CIUDAD (desde lejos, sí se ve)

Otra ciudad. Otro lugar. Desde lo alto todo se ve diferente. Desde lejos todo se ve diferente.
Estoy en la capital o como decimos comúnmente los de mi ciudad: estoy en Buenos Aires.

Acá estoy, otra vez yo. Pero esta vez es diferente, no voy y vengo en el día, sino que estoy jugando a ser local. Por unos días, estaré en un pequeño mundo ajeno, un pedazo de edificio, llamado departamento o depto, en su versión más breve.
Estoy solo y hay mucho silencio. Subo y bajo cuando quiero. Voy del silencio al caos, de la soledad del departamento a la soledad en masa que tiene esta ciudad tan poblada, tan urbana, tan alocada, tan Buenos Aires..

Abajo está el movimiento típico de gran ciudad. Muchos autos, mucha gente, mucha propaganda, mucho mareo de los sentidos y sobre todo de la vista.

Desde aquí, desde lo alto, la ciudad, parece otra. Desde lejos sí se ve y se ve distinto. Como se ve distinta mi vida desde acá, desde Buenos Aires a unos tantos kilómetros de distancia. Aquí arriba sólo se oyen sonidos lejanos, de autos en movimiento, de bocinas... la vida urbana misma y sus sonidos. Por la ventana se cuelan algunos tangos, que vienen de las disquerías que están aquí abajo.

Yo escribo en soledad algo que leerán después los demás. Cada tanto me asomo a la ventana que está a mi derecha. El cielo está gris, gris calma, gris siesta.

De repente me viene un pensamiento: soy Martín, estoy escribiendo en una computadora prestada, en un departamento, en la Capital Federal. ¡Qué loco! Cuando era chico, Buenos Aires, era “el gran viaje”, y representaba para mí, tantas cosas. Viajar, recorrer distancias que parecían enormes e interminables; acá esperaban las novedades, los regalos que me compraría mi mamá, la ropa, los juguetes y todos los deseos de esa burbuja llamada niñez.. Recordando todos estos sentimientos de niño, me digo: no puedo creer estar escribiendo en Buenos Aires, en pleno corazón de esta loca, loca Capital.

Vuelvo a la realidad o mejor dicho a escribir, que es otra realidad, mi realidad. La ventana que esta a mi derecha recorta un pedazo del afuera y da la casualidad que quien está allí en la esquina es el mismísimo obelisco. Tampoco es algo de otro mundo, pero...la verdad da un poco de cosa escribir y tenerlo ahí mirándome como un gran hermano.

¿Vieron esos inmensos carteles de publicidad que se ven por la 9 de julio? En este momento veo la parte de atrás, con unos tipos que están haciendo mantenimiento. Jamás me pregunté quién se dedica a eso, ni cómo lo hace. Ni mucho menos cómo fue que esos carteles llegaron ahí para vendernos algo. Que sé yo, pienso: la empresa les paga y los tipos, están ahí, detrás del cartel, colgados. Los veo por la ventana y sin duda es una postal deslucida, fea; nadie quisiera sacarle una foto a este otro lado de la realidad. Es el otro lado de un súper cartel, de una empresa de hamburguesas.

Me prometí venir de visita, de paseo y no escribir ni una línea. Pero no aguanté estas ganas de contar, que como siempre, son más fuertes que yo.
Aunque suelo decir que no hace falta alejarse miles de kilómetros, para ver mejor las cosas, alejarse, hace bien. Uno mira la vida desde lejos, como una película, y puede sacar buenas conclusiones. Es como estar frente a un ropero, bien cerca y pensar que todo está en su lugar, pero cuando nos alejamos un poco descubrimos que algunas cosas no están donde deberían estar, o que es necesario mover algunas, reordenar, para que todo esté mejor.
Vuelvo a mirar hacia la ventana. Los tipos que estaban en el cartel ya se fueron. Y yo también me voy.
Cierro la ventana porque allá abajo, las calles esperan por mí.

(Escrito el 3 de octubre)