12 de diciembre de 2010

FINAL DEL AÑO

Se termina otro año, y esta es mi última columna del 2010. Uno dice Diciembre y ya suena a final, a balance, a pocas energías, a ganas de que lleguen las vacaciones para cargar las pilas.
Antes de sentarme a escribir, me dieron ganas de traerme bien cerca, sobre el escritorio, todos los “Diálogo” del año, que estaban guardados en el estante de mi ropero. Son once columnas, once meses que han quedado atrás. Por supuesto que ocurrieron muchas cosas en esos meses, y al recorrer con la mirada los títulos de cada columna, recuerdo el momento en que las escribí. Estoy contento: una de las cosas que más me hacen feliz es escribir y saber que se va un año más y he hecho lo que más gusta, me pone muy bien. Y después está todo lo demás. Las otras cosas, las excelentes, muy buenas, buenas, regulares y las malas. Pero lo importante es que puse mis ilusiones y energías en algo que me gusta y se concretó. Y eso es para celebrar.
Miro atentamente el logo del diario: Diálogo. Ojalá mis columnas y la de todos los que escribimos para el periódico, hayan despertado el diálogo, la reflexión, hayan motivado en algo, a esos miles de lectores que están en distintos rincones del país. Misión importantísima en los tiempos que corren. Un periódico hecho con el amor de todos y las ganas de transformar -aunque sea un poquito- la realidad.
Voy desde el último mes hasta el primero. Noviembre: “Jóvenes a soñar”. Yo siempre hablando de los sueños y de la importancia que tienen para ser felices. (...)“siguiendo la ruta que marcan nuestros sueños, nunca estaremos perdidos”, dije en esa nota. Octubre: “Madre”. Un cuento dedicado a las madres del mundo. Septiembre: “Primavera”. Siempre, esta estación me maravilla con su reverdecer, y su volver a florecer cada año. Agosto: “Un paseo por la juguetería”...reencuentro necesario con el niño que fuimos. Julio: “Señales en el camino”. Junio: “Buenas ondas. Por una Argentina más positiva”. Mayo: “25 de Mayo de 2010”. Abril: “La lectura y el mágico mundo de los libros”. Marzo: “La vuelta al cole”
Enero/Febrero: “El encuentro con uno mismo y la contemplación”.

Luego de esta recorrida por los títulos, y de perderme entre recuerdos y demás vuelos con la imaginación, llegué a Diciembre de 2009. No quería incluirla, pero no pude evitar releerla. En ese texto, hablaba de confrontación, pedía Paz. Me pone un poco triste que nada haya cambiado. Este año no sólo se intensificaron las confrontaciones sino que los escándalos ya están de moda y parece que van a quedarse entre nosotros como una manera de captar nuestra atención. Pero, a la vez, tengo la esperanza de que lo que veo en la televisión –cada vez más actitudes violentas y faltas de respeto – sólo sean televisivas y no estén presentes entre nosotros.
Quiero pedir paz nuevamente, pero no como un mensaje vacío usado para la Navidad y las tarjetas de fin de año. Pido por favor... basta de consumir escándalos, ¿Qué nos pasa? ¿Por qué nos atrae la confrontación, la pelea, el escándalo?. No dejemos que todo eso entre en nuestras casas y en nuestra vidas. Seamos inteligentes. No dejemos que se propague la violencia cualquiera sea su forma.
Pidamos paz pero construyéndola. Comencemos a marcar nuestros propios los límites sin esperar que vengan “desde afuera”. Hace unos años, en una revista leí un título que decía, algo así como, Sra, Sr, por favor, apague el televisor. Me pareció exagerado, pero estoy llegando a la conclusión de que son muchos los casos en que resulta una muy buena opción. Y lo digo como una persona que se la pasó atento en exceso a lo que sucedía en la televisión y los medios.
La paz la tenemos que alcanzar entre todos, construirla día a día y que no sea sólo un bonito deseo de cierre de año. Lo más importante es la tolerancia a lo diferente, para evitar la violencia. Y siempre, a cada paso, sembrar la paz, la verdadera.
¡Gracias lectores por estar allí!
¡Gracias María Inés y Juan Carlos, por darme libertad y espacio para expresar mi mirada joven!
¡Feliz Navidad! ¡Feliz nacimiento de Jesús niño en nuestros corazones! ¡Feliz 2011 construyendo la paz!

Columna del Periódico Diálogo. Diciembre 2010.

29 de noviembre de 2010

DÍAS INOLVIDABLES EN NELSON

Esta vez mis libros me llevaron hacia Nelson, un pequeño pueblo ubicado a unos 40 kilómetros de la ciudad de Santa Fe.
La vida tiene por suerte, estas cosas impredecibles, sorpresivas y mágicas. Esta vez aparecí en un pueblo que no conocía, pero desde el momento en que bajé del micro, al costado de la ruta, sentí que algo emocionante estaba por suceder.
Hace unos años pude cumplir uno de mis sueños, el de publicar un libro, y ahora me toca transmitir eso, compartir mis cuentos e invitar a todos a soñar, a pelear por aquello que se quiere alcanzar. Siempre y aunque cueste.
Las cosas mágicas son así, sorpresivas, increíbles, inesperadas. Nora y Patricia, me esperaron al bajar del micro, para llevarme directamente hacia el Colegio San José. En ese momento no sabía, que al irme de Nelson, ya no sería el mismo.
En ese Colegio se hace, desde hace años, la Feria del Libro y esta era la número quince. La feria está hecha con mucho amor y sacrificio y eso se nota y se siente. Todo lo que se hace con amor sale bien y siempre es exitoso. Nora, la bibliotecaria, había organizado todo para que yo pudiera estar allí, en ese pueblo de película, para poder compartir lo que hago con todos los alumnos. El gran desafío, era ese todos, sin importar la edad. La mañana y la tarde del jueves, estuvimos charlando con 1ero, 2do, 3ero, 4to, 5to, 6to y 7mo, en un salón que está pegado a la cancha del colegio, frente a la plaza. Este salón antes era una iglesia – me comentaron las seños. Me escucharon, los escuché. Hablamos. Preguntaron y respondí. Les leí cuentos. Hicimos volar un poco la imaginación.

Para el viaje me compré un cuadernito nuevo con hojas rayadas. A la ida se rompió el micro en el que viajaba hasta Santa Fe y nos retrasamos bastante. Fueron siete horas para llegar, pero por primera vez, no estuve impaciente. “Si tenemos claro a dónde vamos, nada podrá detenernos”, escribí en el cuadernito, mientras esperábamos que el chofer nos explicara qué había pasado con el motor.
Si bien he recorrido muchos colegios y ferias desde 2005 hasta hoy, nunca antes había hecho ambas cosas: dar charlas y quedarme en la Feria. Nelson me dio la oportunidad de ver qué sucede, cuando terminan mis charlas.
Al llegar al pueblo, pasó algo misterioso: mi apellido había cambiado. Todos esperaban a un tal Martín Goz, y ese... ¡era yo!
Las cosas fueron sucediendo sin querer, pero a la vez parecía que ya estaban escritas de antemano. Todo me parecía una película y me costaba pensarme como el protagonista.
El día viernes, siguieron los desafíos. Conocí el Colegio Secundario, el Simón Bolívar, y con los alumnos y profesores hablamos sobre la Receta para ser Joven, incluida en mi segundo libro. Armamos entre todos una receta propia, con los ingredientes que los jóvenes de Nelson fueron aportando.
Y de las charlas, pasaba a la mesita que me habían armado en la feria, donde los esperaba junto a mis dos libros. Allí recibí tanto cariño, por parte de chicos y grandes, que me desbordó. Y todo lo vivido lo voy a guardar por siempre en mi mente y en mi corazón, para cuando necesite combustible para seguir adelante.
Nunca olvidaré esos días en Nelson. Fue una gran señal que me dijo, seguí adelante, seguí escribiendo. El cuadernito que llevé para tomar notas e ideas, se fue llenando con mensajes de los chicos y grandes, deseándome lo mejor y agradeciendo mi visita.
Sin duda, muy pronto, llegará un cuento, sobre un pequeño y hermoso pueblo, que tiene una feria en una escuela, y que culmina con una fiesta llamada “la velada”. Una Feria llena de amor y dedicación, de alegría y baile, llena de momentos lindos compartidos por los habitantes de Nelson.
La mañana de sábado en que emprendí el regreso, me levanté muy temprano. Salí del Hotel Florida y di una vuelta a la manzana. El día estaba hermoso, el sol brillaba en lo alto y el pueblo comenzaba a despertarse. Algunas señoras barrían las veredas. Pasaba algún que otro auto y alguna moto, pero muchas, muchas bicicletas.
A las nueve de la mañana, en la esquina del Hotel Florida, Martín Goz se subió a un Llambi para comenzar a emprender su regreso. Antes de subirse al colectivo una señora que pasaba en bicicleta, lo saludó y le gritó: ¡Suerte!
La primera parada era Santa Fe. En el micro cerró los ojos y cuando los volvió a abrir, había una alumna del Colegio San José que lo saludó con una sonrisa. Allí comprobó que todo había sido real.
A las tres de la tarde, con su bolso y sus libros, llegó a San Nicolás. Nadie sabía aún, que desde ese día en adelante ya no sería el mismo, porque en Nelson, había nacido, Martín Goz.

(Nelson, Prov. de Santa Fe, Argentina. 11 y 12 de Noviembre. 2010)

7 de noviembre de 2010

JÓVENES ... ¡A SOÑAR!

¿Qué mensaje le darías a los jóvenes? – me preguntó hace un tiempo un adolescente, entre tantas otras preguntas, durante mi visita a un colegio.
Aquel día en el aula, ante la mirada de chicas y chicos, adolescentes todos, contesté que todo es posible, que siempre hay una salida, y que las cosas importantes se logran con esfuerzo.
Así dichas, parecen frases armadas: si las hubiera leído o escuchado a esa edad, hubiera pensado eso. Pero no son frases armadas: nacen de experiencias vividas, son parte de mi realidad y las quiero compartir.
¿Qué le diría yo, con mis veintiocho años a los jóvenes? En realidad, se lo diría a todo el mundo, sin importar la edad, pero voy a pensar en ellos, nuestro futuro más cercano.
Si miro hacia atrás, pienso que lo más importante son los sueños. Ellos nos hablan siempre, desde el corazón, y está en cada uno hacerles caso o, de lo contrario, desoírlos o acallarlos.
Tener sueños da sentido a nuestra vida. La mayoría de las veces parecen imposibles o inalcanzables, y otras veces son tan pequeños que no les prestamos atención.
Los sueños se hacen realidad. Pero no hay pases mágicos, ni se cumplen de la noche a la mañana. De chico soñaba con ser escritor, o mejor dicho, no sabía ni lo que era ser escritor, pero soñaba con escribir algo que le guste al que lo lea, y que ese alguien me diga, qué bueno, qué lindo, lo que escribiste. Y eso que soñaba, ese sueño, tenía una fuerza incontenible. Quería escribir, pero no podía soñar con ser escritor porque eso, parecía algo lejano, inalcanzable. Me gustaba escribir y escribía para mí, con cierto pudor a compartirlo con los demás. Con el paso del tiempo aprendería que soñar es mucho más lindo, si se comparte con los demás.
Podemos concretar nuestros sueños y hacer posible lo imposible. También podremos llamarlos metas. Lo importante es actuar, hacernos cargo de nuestros sueños, que son las brújulas de nuestro corazón. Y esforzarnos, lo más que podamos, porque a nuestros sueños, hay que defenderlos y tratar de hacerlos realidad.
Hay que hacerle caso al corazón y escuchar a aquellas personas que nos quieren bien. Porque en definitiva, tarde o temprano, esos sueños acallados, ese corazón que no escuchamos, en algún momento gritará todos sus sueños contenidos y no cumplidos.
Tener sueños, nos traerá felicidad, porque, más allá de lo doloroso que tenga la vida, tendremos una razón para vivir. Cada mañana al despertar tendremos mucha más fuerza, sabiendo que están nuestros sueños, motivándonos a vivir. Ese es el poder de soñar.Y por las noches nuestros sueños descansarán y brillarán en las estrellas. Siguiendo la ruta que marcan nuestros sueños, nunca estaremos perdidos.

COLUMNA PERIÓDICO DIALOGO. NOVIEMBRE 2010.

22 de septiembre de 2010

PRIMAVERA

Por fin, había llegado la primavera. El pequeño capullo había aguardado durante mucho tiempo aquel instante, y finalmente pudo desplegar sus pétalos al sol. Era el momento más esperado, el más importante, el de convertirse en flor. Se conmovió en cuanto comenzó a sentir por primera vez, los rayos del sol que se proyectaban sobre ella acariciándola, llenándola de luz. Y se sintió más feliz que nunca, bajo el sol radiante de septiembre.

El círculo luminoso de luz y calor, allá en lo alto, iba recuperando, poco a poco, su poder en la zona donde le había tocado nacer a este capullo. El planeta Tierra, en su acostumbrada rotación, había dejado, durante unos meses, que el invierno hiciese su fría tarea por esos parajes. Pero ya había cesado ese tiempo de rayos que llegaban débiles y había llegado la hora, en la que, una vez más, comenzaba a calentar de manera diferente al globo terráqueo, y su calor aumentaba día a día hasta la llegada del verano, estación en que se sentía su ardor con toda su fuerza.

La flor era de color blanco y de una belleza admirable. Atrás habían quedado los días de espera en el capullo. Estaba muy contenta, con el sabor de la misión cumplida, orgullosa de sí misma y sintiéndose única. Disfrutó mucho la felicidad de na-cer, aunque llegó un momento en el que se sintió sola; tan sola que se entristeció. Y así pasó toda una noche de primavera.

Al amanecer del día siguiente, su tristeza se esfumó. La angustia la había llevado a mirar a su alrededor para buscar algo que la hiciera feliz. Logró darse cuenta de que en realidad, no estaba tan sola. La primavera había llegado para todos, pero ella no sabía de la existencia de esos todos llamados los demás. Había nacido como una flor bella, bellísima, y ahora sabía que podía ser vista y admirada por el mundo. Y algo mucho mejor: ella también podría ver y admirar el mundo que la rodeaba y formaba parte de su vida de flor.
Lo primero que vio fue un parque inmenso y verde, muy verde. Después vio a muchos seres llamados personas; algunas estaban sentadas junto al lago y otras formaban grupos dispersos por allí. También vio algunas que pasaban caminando junto a ella. Charlaban, reían, cantaban. Y no se sintió tan sola como antes.

Su sorpresa mayor al notar que muy cerquita, había otras flores idénticas a ella. Se quedó observándolas detenidamente, muy asombrada mientras ellas hablaban entre sí.
Cuando se percataron de su existencia, cesaron de hablar y una a una se fueron girando para mirar a la nueva flor que había llegado al mundo, en aquel día de primavera.
–Sos una nueva margarita. ¡Bienvenida!– le dijeron las flores al unísono.
La nueva flor blanca no contestó. Se había quedado muda del asombro. No le gustó para nada la idea de no ser la única. Y para colmo se había dado cuenta de que formaba parte de una gran planta.
–¿Estás contenta, no?– le preguntaron insistentes, las otras margaritas, al ver que la nueva seguía en silencio. Y continuaron diciéndole:
–En primavera todas compartimos la alegría de nacer juntas.

La nueva flor fue integrándose de poco a la nueva realidad. Comenzó a hablar y, para el final del día, había olvidado su enojo. Le pareció hermoso compartir la primavera y saber que no estaba sola. Y se alegró mucho más cuando se enteró de que durante esa estación llamada primavera, miles de flores de toda la región compartían la alegría de nacer y mostrarse al mundo.

Mientras, en el parque, cientos de jóvenes celebraban la llegada de la primavera desbordantes de alegría. Y más allá del parque, en la ciudad, miles de personas celebraban, de alguna manera, la llegada de la estación de las flores y el color.

Durante la tarde la planta de margarita, le contó a sus flores, cuánto le había costado reverdecer.
–Fue un invierno crudísimo… me salvé de milagro.
Y les explicó que lo más importante estaba en las raíces fuertes que ella tenía, que sin ellas no estarían allí, adornando el parque. Ni la más cruda helada, ni el más fuerte de los vientos habían podido con ella. Y allí estaba, nuevamente verde, llena de flores, renaciendo con la primavera. Porque a pesar de todo lo vivido, era posible reverdecer.

¡Eran tan importantes las raíces, aunque no se vieran y estuvieran ocultas! Por eso entre todas las flores y la planta, le hicieron una gran reverencia y gritaron su agradecimiento a las raíces que estaban allí, debajo de la tierra.

La nueva flor estaba muy sorprendida.
¡Cuánto había aprendido ese día! ¡Cuánto había crecido! ¡Florecer no había dependido sólo de ella! Al compartir con las demás y con su hermosa planta pudo entenderse así misma, incluso había descubierto una gran cosa: ya no era una flor blanca, simplemente. Ahora sabía que era de la especie de las margaritas y eso la llenaba de orgullo.

–¡Jamás hubiera sabido quien soy sin ustedes!– les dijo a las demás flores, muy pero muy entusiasmada.

En el parque, los jóvenes seguían celebrando la llegada de la primavera.
Cantaban, escuchaban música, y bailaban sin parar. Y las flores de la región celebraban alegres su nacimiento al mundo, con todo su esplendor. Y en ese mismo instante, una joven mujer salía a su balcón a apreciar sus plantas reverdecidas y llenas de flores, y en ese mismo instante un hombre regaba su jardín florido, y sonreía en su jardín reverdecido. Y en ese mismo instante, un niño se maravillaba, sintiendo por primera vez el aroma de una rosa.
Los días de invierno, de frío, de quietud, de descanso y refugio, habían quedado atrás. El sol sonreía luminoso en el cielo sin nubes, deslumbrado por los colores que las flores le daban al mundo. ¡Cómo no iba a sonreír y a ser feliz! ¡Era testigo de una explosión mágica de color! Todos lo vieron ese día… El sol sonrió más luminoso que nunca porque, por fin, había llegado la primavera.

PERIÓDICO DIÁLOGO. Mensual gratuito. Año XVII. Nº 193. Septiembre 2010. Capital Federal.

12 de septiembre de 2010

SEÑALES EN EL CAMINO

Las señales siempre están, existen, a pesar de que la mayoría de las veces no les prestemos atención o de que las pasemos por alto. Con esa oración inicial mi columna de este mes parece hacer referencia a la seguridad vial o a nuestra actitud ante las señales de tránsito. Pero no es así.
En esta ocasión quiero hablarles de las otras señales, esas que también avisan, indican y van marcando un camino, una ruta llamada vida.
En un momento de mi vida aprendí que Dios nos habla, y que envía señales todo el tiempo para indicarnos su presencia. Esto no quiere decir que tenemos que estar esperando señales todo el tiempo y pensando cada cosa como si tuviera un significado oculto, pero si, estar atentos a lo que nos pasa. Dios nos habla a través de esas cosas que parecen sucedernos porque sí, y también, y sobre todo, a través de las personas que nos rodean.
A veces no entendemos el porqué o no encontramos explicación a cada cosa que nos ocurre. Pero todo tiene un porqué, tanto lo bueno como lo malo que vivimos. He comprobado que incluso, hasta los sufrimientos, tienen una explicación y siempre termina resultando para mejor. Porque Dios quiere siempre lo mejor para nosotros.
Por supuesto, somos seres limitados, y excede nuestra capacidad el saber leer o interpretar esas señales en el momento en que nos llegan. La mayoría de las veces estamos desatentos, entretenidos en nuestro vivir diario u ocupados, sin darnos un tiempo para pensar qué es lo que van marcando esas señales en nuestro camino.
Por ejemplo, el que yo esté hablando de este tema no es casualidad; recibí algunas señales que supe descifrar a tiempo. Y el que estés leyéndolo tampoco es casualidad. Nada sucede porque sí.
Lo primero que me sucedió fue que, a través de varias personas, me llegó una idea repetida: que las enfermedades no son simplemente enfermedades sino que también son señales de nuestro cuerpo para avisarnos que algo anda mal o que algo estamos haciendo mal. A partir de allí, comencé a tomar a las enfermedades como un aviso. Ante la enfermedad tendemos a buscar el remedio y punto, pero no a preguntarnos el porqué de esa enfermedad. Si bien algunas no podemos controlarlas ni saber sus causas, en su mayoría están provocadas, lamentablemente, por nosotros mismos.
Descifrando las señales que nos da nuestro cuerpo podremos saber si llevamos o no una buena vida. Y a partir de eso podemos repensar nuestro modo de vivir.
Otra cosa que me sucedió fue pensar a los silencios o las ausencias como señales. Muchas veces ocurre que nos enojamos con la gente que parece no expresar nada, tildándolos de fríos, pero hay algo en esos silencios por descifrar. Y también las ausencias comunican algo. Nadie calla ni desaparece porque sí. Seguramente nos dio alguna señal con anticipación y no nos supimos darnos cuenta.
Por supuesto también están las señales de las personas que nos rodean, dándonos muestras diarias de amor y cariño, señales constantes que indican que nos quieren mucho y que dicen “aquí estoy, a tu lado, acompañándote”.
Luego de incorporar esa noción de enfermedad como señal o aviso, tuve que afrontar un momento personal y familiar muy difícil. Cuando todo pasó, entendí el porqué de todo eso que atravesé y atravesamos, y llegué a darme cuenta que realmente tuvo un significado. Y aprendí algo que dejó huella para siempre.
Las pruebas o momentos duros de nuestra vida, casi extinguen nuestras fuerzas, parecen vencernos, pero finalmente las superamos, tomando conciencia de que llegaron en el momento justo, para señalarnos y enseñarnos algo valioso.
Las señales en el camino de la vida no están colgadas en carteles o en lugares obvios y resaltadas para que las veamos a simple vista. Nos sorprenden y llegan en el lugar y el momento menos pensados y sólo hay que estar con los ojos bien abiertos y el corazón bien dispuesto para recibirlas.

Hace poco, viví algo mágico, algo increíble. Durante esos días duros que pasé, volvía caminando y angustiado bajo el cielo de una noche fría. Jamás había visto algo así, aunque para algunos es algo común. Miré hacia un árbol gigante que hay cerca de mi casa. Llamó mi atención porque lo habían podado totalmente y sin querer, en ese instante vi una estrella fugaz cruzando el cielo. ¡Me emocioné tanto! Esa estrella me sacó de mí, de mis pensamientos y de mi angustia y me hizo sentir que la magia aún es posible y que una luz siempre brilla para nosotros.

Suelo pensar que nuestra vida ya está escrita y que si bien la podemos modificar con nuestras acciones y decisiones, Dios sabe en qué momento sucederá cada cosa, con un porqué que Él, sabe muy, pero muy bien. Porque Dios, el autor de todo lo creado, tiene escrito el libro de nuestra vida y lo sabe de memoria.

Las señales están para ayudarnos a distinguir una cosa de otra. Mientras escribo esto, recuerdo un día, en el que estaba repartiendo volantes de mis libros, entre una gran muchedumbre. Y de repente me senté, muy cansado, en un banquito, y pensé: No sé si esto que estoy haciendo valdrá la pena. Y en ese instante se acercó una señora que me sorprendió diciéndome: - “Qué lindo volante me diste, me gusta mucho lo que dice, seguí así, adelante, que te va a ir muy bien”. Después de eso me saludó y se fue sin que pudiera decir más que, gracias. Me quedé paralizado ante semejante señal.
Y también puedo contarles que, antes de comenzar a escribir esto, me llegó un mail bajo el título: “nadie se cruza por casualidad” y dice, entre otras cosas, que por algo llegan algunas personas a nuestras vidas, que por algo permanecen y que por algo en algún momento se van.
Está todo dicho. Aquí pongo una señal que dice FIN. Atento a las señales en tu camino. Paso a paso, descifrándolas encontrarás muchas respuestas. Y encontrar respuestas te traerá felicidad. ¡Hasta la próxima señal!

(Columna del mes de Julio 2010 en el Periódico Diálogo)

26 de agosto de 2010

EL HOMBRE Y EL MAR.

No soy muy amante de la poesía pero en estos últimos tiempos estuve amigándome. Comparto con ustedes un poema de Baudelaire, dedicado al mar, que me gusta muchísimo y cada vez que me paro frente al mar, se me aparecen frases.
---------------------------------------------------------------------

EL HOMBRE Y EL MAR

¡Hombre libre, siempre adorarás el mar!

El mar es tu espejo; contemplas tu alma
En el desarrollo infinito de su oleaje,
Y tu espíritu no es un abismo menos amargo.

Te complaces hundiéndote en el seno de tu imagen;
La abarcas con ojos y brazos, y tu corazón
Se distrae algunas veces de su propio rumor
Al ruido de esta queja indomable y salvaje.

Ambos sois tenebrosos y discretos:
Hombre, nadie ha sondeado el fondo de tus abismos,
¡Oh, mar, nadie conoce tus tesoros íntimos,
Tan celosos sois de guardar vuestros secretos!

Y empero, he aquí los siglos innúmeros
En que os combatís sin piedad ni remordimiento,
Tanto amáis la carnicería y la muerte,
¡Oh, luchadores eternos, oh, hermanos implacables!

CHARLES BAUDELAIRE (1821 - 1867)

18 de julio de 2010

DIA DEL AMIGO

¡Hola a todos! ¿Cómo están?¡Con mucho frío seguramente! En esta ocasión, por primera vez, comparto un texto de otro autor. Llega el día del amigo, lo leí y sinceramente me encantó. Expresa mucho de lo que venía pensando...

El autor es Juan Carlos Pisano, autor de Capital Federal y mi amigo. También es el Director del Periódico Diálogo, en el cual tengo la columna "Enfoque Joven", que comparto con ustedes cada mes, en este blog. Algunos lo conocen como "el hombre de Buenos Aires que me ayudó a publicar mi 1er libro". :)

Este texto está publicado en la Edición de Julio 2010. Espero que les guste...

Tengan todos.. ¡Feliz día de la amistad!


Día del amigo --------por Juan Carlos Pisano

La amistad es uno de los sentimientos más hondos que puede experimentar el ser humano. Es un don gratuito, que se da y se recibe sin ningún interés de por medio y, por eso, nos hace más plenos pues es una muy especial dimensión del amor.
La amistad ennoblece, hace crecer y permite salir de uno mismo para darse al otro. La amistad es creativa y creadora y es signo de una madurez que se adquiere paulatinamente en el camino que se transita compartiendo una sonrisa o sobrellevando el dolor. La amistad, es sinónimo de confianza y de entrega sin concesiones que permite disfrutar en los momentos de luz y tiene fe cuando no se ve tan claro.
Nada de esto se da mágicamente y requiere algunas condiciones; en la amistad hay que saber «esperar» al amigo, sin «apurarlo» para que tenga determinadas reacciones o para que responda de la manera esperada. Hay que confiar aunque las circunstancias parezcan decir lo contrario. Exige aprender a respetar el silencio y disfrutar los encuentros aunque no estén «llenos» de actividades. También se debe tener en cuenta que hay tiempos personales y se debe aceptar la intimidad individual de cada uno y «soportar» pacientemente que, en la amis-tad, hay luces y sombras. Así, se puede construir una amistad duradera, perdurable e indestructible.
La transparencia de la amistad, permite pensar en voz alta y «darse la espalda». Los amigos, logran erradicar los prejuicios que vician las relaciones humanas y eliminan de sus códigos las «suspicacias» y las dobles intenciones; hay momentos de enojo, pero no se dejan llevar por la ira o por la «bronca» y siempre piensan bien del otro con franqueza y honestidad.
Los que caminan juntos, se saben esperar para seguir adelante con el mismo paso y se detienen frente a los obstáculos, para ver más cla-ro. Se dan ese empujón necesario en el momento oportuno, cuando el otro está por «bajar los brazos». Si marchan «de la mano» llegarán muy lejos porque así no se cansarán.
La amistad es un remanso de paz. Los amigos transmiten equilibrio y se convierten en escuela de sensatez; tienen sus oídos dispuestos, son comprensivos, saben escuchar con su corazón, y están abiertos en todo momento porque saben ponerse en el lugar del otro.